La felicidad de Gastón Fernández, luego de marcar el único tanto con el que River superó a Argentinos.
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Simplemente porque el juego se hizo enredado, trabado y por momentos llegó hasta la brusquedad (hubo dos expulsiones y pudo haber un par más), y, para males, los dos jugaron muy mal. River, por nombres y presencia, tenía que ser el protagonista del espectáculo, pero apenas mostró atisbos que fueron espejo de cierta superioridad individual, aunque lejos en lo colectivo.
Tanto, que ganó porque en una jugada aislada Cuevas desbordó por izquierda y le puso un pase perfecto a Gastón Fernández para que derrote a Marcos Gutiérrez. Argentinos Juniors, que todavía no ha sumado puntos en el campeonato, salió con todas las precauciones de quien se siente inferior: un conglomerado de mediocampistas defensivos y dos delanteros unos metros más adelante para intentar un contraataque.
Con ese esquema, le pasó la responsabilidad de la creación a River, que nunca pudo armar un circuito futbolístico. Flojo el colombiano Patiño por derecha, como con timidez en su presentación en la cancha de River y equivocado con la pelota Rubens Sambueza, que se excedió en gambetas sin clarificar nunca la jugada.
River dependió mucho de la habilidad de Gastón Fernández y las corridas de Cuevas (lo más peligroso de un tibio ataque), pero ambos se empecinaron en resolver por su cuenta prescindiendo de sus compañeros, por lo que le facilitaron el trabajo a una defensa experimentada donde sobresalió Gamboa. Argentinos se dio cuenta tarde de que podía empatar el partido -y hasta ganarlo-y, cuando presionó a la defensa de River, desnudó sus limitaciones. En consecuencia, no creó muchas situaciones de gol, pero inquietó a una defensa que con tres jugadores no se mostraba segura haciendo que el público de River terminara abucheando a sus jugadores.
River sumó tres puntos y nada más en un partido que no será recordado por mucho tiempo.
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