18 de enero 2006 - 00:00

River se tomó desquite y ganó la Copa Desafío

Santana sale festejando el primer gol con el cual comenzó a marcar el triunfo sobre Boca. River se tomó revancha de la derrota sufrida el sábado en Mar del Plata.
Santana sale festejando el primer gol con el cual comenzó a marcar el triunfo sobre Boca. River se tomó revancha de la derrota sufrida el sábado en Mar del Plata.
River se tomó revancha en el verano y derrotó a Boca en el superclásico jugado anoche en Salta.

La lesión de Calvo en el calentamiento previo obligó a Basile a realizar un planteo insólito en las formaciones de Boca, con tres defensores, dos carrileros, doble cinco, un enlace y dos delanteros, y este esquema hizo agua por todos lados.

River, en cambio, utilizó la presión en la mitad de la cancha como arma defensiva y ofensiva. Tuvo en Santana, mientras estuvo en la cancha, a su mejor intérprete y «lastimó» con la habilidad de Montenegro y Conca. Dentro de ese panorama, Santana abrió el marcador con un zurdazo desde afuera del área, luego de un taco de Conca, y eso desesperó a Boca que nunca encontró las marcas en defensa y tampoco pudo coordinar el mediocampo con el ataque.

Por eso el triunfo de River fue justo, porque Boca tuvo escasa llegada y cuando logró superar a una correcta defensa de River se encontró con el arquero Carrizo muy veloz de piernas y atento siempre para cerrar su arco.

Lo más peligroso que tuvo fue un remate de Morel Rodríguez que rechazó con sus piernas y en el rebote Ledesma la tiró por arriba del travesaño.

Después de la lesión de Santana, River con el ingreso de Patiño retrocedió unos metros para jugar de contraataque. Boca empujó más de lo que atacó y cada vez estuvo más lejos del arco de Carrizo.

Héctor Pitarch (el cuarto técnico de River en este verano) sacó a Conca poniendo a Domingo, con lo que armó dos líneas de cuatro, una a diez metros de la otra, para defender la ventaja.

En el primer contraataque, Montenegro convirtió el segundo gol por sobre la cabeza de Abbondanzieri, dándole la tranquilidad necesaria para resistir.

Boca siguió presionando cada vez con menos claridad y no pudo revertir la historia. Un error de Abbondanzieri le dio la posibilidad de marcar a Oberman el tercer gol de River que resultó el golpe definitivo.

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