En realidad, no se pueden bajar los brazos invitando a un oponente a que coloque una mano de nocaut cuando faltan segundos para la pitada final. Llegó un centro largo, la defensa se durmió entró Fuentes a espaldas de Zapata y el remate dio en el travesaño, recibió Nanni y envió de abajo hacia arriba para mandar la pelota lejos de Buljubasich.
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Era el final de un partido electrizante, de un ida y vuelta constante, donde la técnica y la estrategia tal vez pasaban a segundo plano para buscar espacios, ganar terreno y encontrar algún hueco para tratar de desnivelar. No se puede decir que dominó uno u otro equipo. Sí se podrá afirmar que Vélez mostró mejores argumentos y una capacidad ofensiva superior en la primera etapa y que River con el ingreso de D'Alessandro por Lucho González mejoró notablemente. Tanto, que los dos arqueros debieron esforzarse al máximo, como esa pelota que cayó en la cabeza de Fuertes, y Leyenda sacó una pelota rasante que se introducía muy pegada al poste.
A River le costó encontrar un juego aplomado y si se quiere mucho más profundo porque Cavenaghi partía unos metros más adelante que Coudet, Claudio Husaín, Ahumada o González. Simple: mucho terreno por recorrer, poca sorpresa y Gastón Fernández perdiendo sólo arriba porque nunca podía imponer presencia. Era evidente que faltaba el jugador que uniera o armonizara el juego conjunto. El que posibilitara que el diálogo fuera mucho más fluido.
Lo había anticipado Ischia cuando afirmó que iban a ir a Núñez para esperar a River, sino a «ser protagonistas» a pesar de lo que decían las estadísticas (Vélez no ganaba en el Monumental desde hacía 13 años). Vélez fue orden, disciplina, fervor, un pelear cada pelota y tratar de encontrar espacios para el remate.
Al mismo tiempo las urgencias de River no lo hacían pensar demasiado, pero como todo equipo necesitado salió a jugarse con todo lo que podía y tenía. Algunos dirán que le faltó suerte, en realidad fue precisión a la hora de definir y Vélez acertó con esa pelota final de Nanni, que le pone un pesado lastre a Pellegrini, mucho más del que ya tenía antes de comenzar el partido.
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