Argentina se aseguró la noche del lunes una plaza en cuartos de final de Venezuela-2007, tras desbaratar una sólida táctica de Colombia y dejarla en la cornisa de la Copa América con un 4-2 a pura ráfagas de talento de luminarias como Juan Román Riquelme y Lionel Messi.
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Riquelme anotó a los 34 minutos y a los 45+1, tras un empate marcado de penal a los 20 por el cañonero mayor Hernán Crespo, quien se lesionó en el momento de rematar, y una ventaja prematura de los cafeteros anotada por Edixon Perea a los 10, en la segunda fecha del Grupo C.
Jaime Castrillón, que entró en la segunda fase, descontó a los 73 con golpe de cabeza frente a una defensa argentina que volvió a lucir frágil y endeble en la zaga central formada por Roberto Ayala y Gabriel Milito, en el estadio Pachencho Romero de Maracaibo, ante una enfervorizada multitud.
Sobre la hora, un toque de emboquillada de Diego Milito cerró la cuenta a los 90+2, tras la expulsión del colombiano Fabián Vargas por juego brusco.
Los argentinos igualaron con seis puntos a la vanguardista Paraguay, que batió a Estados Unidos por 3-1 y lleva mejor diferencia de gol, en tanto Colombia sigue con el casillero en blanco al igual que los norteamericanos.
El partido tuvo un desarrollo emotivo y excitante en el primer tiempo, para caer en un melancólico bostezo en el segundo, cuando el equipo albiceleste que conduce Alfio Coco Basile se dedicó a regular el ritmo y retener el balón, frente a una escuadra que bajó los brazos, sin luchar.
Argentina había sacado de la galera el triunfo parcial de 3-1 al finalizar la primera etapa, luego de haber sido dominada durante largos pasajes, mientras languidecían Riquelme y Juan Brujita Verón en el medio campo.
Colombia salía del pozo en que había quedado enterrada con el 5-0 que le asestó Paraguay, merced a un formidable esfuerzo de conjunto, con una marcación implacable en bloque, asociados en el sacrificio John Viáfara, Jorge Banguero, Luis Amaranto Perea e Iván Córdoba.
Unos metros más adelante, dos camisetas amarillas, la 6 de Fabián Vargas, y la 8 de David Ferreira, aparecían a diestra y siniestra con destellos de calidad y coraje, pases profundos y veloces combinaciones, que los convertían en figuras de la cancha.
Pero Hugo Rodallega estaba con la pólvora mojada y a Edixon Perea se le acabaron los proyectiles después de conectar a la carrera y en retroceso un toque profundo de Ferreira que había hecho despertar una ilusión en millares de aficionados cafeteros que gritaban a voz en cuello en las tribunas.
La astucia y las artimañas de algunos experimentados argentinos como Verón comenzaron a provocar un giro en el desarrollo, con caídas teatrales frente a infracciones no tan fuertes que engañaron al árbitro Carlos Simón, que frenó a los cafeteros con tarjetas amarillas.
Messi no exageró el choque contra Rodallega en la jugada del penal, pero Simón, para sancionarlo, estuvo tal vez influido por un clima de nervios y pierna fuerte que elevaba aún más la temperatura de 35 grados Celsius en la noche marabina.
El penal fue un regalo del cielo, como lo fue también el centro de Javier Zanetti que la exquisitez técnica de Riquelme mandó al fondo del arco con un cabezazo de lujo.
Pero el tiro libre que el volante metió junto a un poste con la precisión de los grandes cracks demostraba que otra vez Argentina se imponía con la fuerza de sus individualidades, como cuando le ganó a Estados Unidos 4-1 con súbitas iluminaciones, incluso con hombres de un banco de suplentes Clase A.
El encuentro parecía liquidado, mientras pasaban los minutos provocando bostezos pero el segundo gol colombiano hizo reencender las pasiones.
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