Torneo de 30 equipos no descomprime las urgencias de los clubes argentinos

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El año pasado se despertó una gran polémica cuando la AFA aprobó el torneo anual de treinta equipos para Primera División. Con mucha oposición, especialmente entre los representantes de los clubes grandes, los defensores del proyecto del fallecido expresidente Julio Grondona argumentaban que este formato iba a descomprimir y eliminar el nerviosismo con el cual se disputa el fútbol criollo. Sin embargo, la realidad no así.

Completadas las primeras nueve jornadas del "Julio Grondona", ya son cinco los equipos que cambiaron de entrenador: Reinaldo Merlo se fue de Colón, Roberto Sensini de Atlético de Rafaela, Omar Labruna de Nueva Chicago, Walter Perazzo de Olimpo y Mauricio Pellegrino de Estudiantes.

A estos nombres se podrían sumar en el corto plazo los de Martín Palermo y Julio Falcioni, quienes están en la cuerda floja en Arsenal y Quilmes respectivamente. Pero la "histeria" no termina allí ya que tanto Jorge Almirón en Independiente y Pedro Troglio en Gimnasia y Esgrima La Plata están siendo muy cuestionados y los próximos resultados pueden poner en jaque a su futuro.

Para esta misma altura del pasado torneo de transición, sólo dos equipos habían cambiado de entrenador. La dirigencia de Boca tomó la decisión de rescindirle el contrato al histórico Carlos Bianchi tras cuatro fechas -venía de un año y medio sin obtener buenos resultados-, mientras que, luego de varios amagues, Fabián Alegre abandonó el banco de Tigre en la quinta jornada.

En comparación, se duplicó la cantidad de directores técnicos que perdieron sus puestos con respecto al último torneo corto, un dato que podría ser atenuado si se tiene en cuenta que no hubo descensos en el certamen que obtuvo Racing. Sin embargo, si nos vamos al campeonato que se disputó en el primer semestre del 2014, donde tres equipos perdieron la categoría, tan sólo Blas Armando Giunta había dejado su cargo tras un pésimo arranque en Quilmes.

De esta manera, si queremos trazar una comparación entre éste formato y el último torneo corto con descensos -uno más que en el actual- las cifras se quintuplicaron, las urgencias siguen a flor de piel y los "proyectos a largo plazo" continúan siendo una utopía que dependen meramente de los resultados obtenidos.

Tal vez el ejemplo que se sale de la media es el de Matías Almeyda en Banfield. Tras conseguir el ascenso a mediados del año pasado, el entrenador planteó una propuesta muy ambiciosa dentro del campo de juego que no dio resultado, relegando al club del sur al puesto 17°. Sin embargo, la dirigencia confió en él y hoy, a pesar del traspié en el clásico ante Lanús, el equipo transita un buen presente y se mantiene en puestos expectantes de cara a lo que viene.

El torneo largo y los 30 equipos no descomprimieron la presióncomo se lo esperaba. Puede que sea una simple casualidad el número de entrenadores que perdieron su empleo, pero las urgencias continúan siendo las mismas que antes. El formato cambió, pero las cabezas de los dirigentes no, anteponiendo la búsqueda de soluciones rápidas por sobre proyectos a largo plazo, que son los que realmente pueden darle rédito a los clubes.

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