El festejo final de San Lorenzo que ganó 4 a 3 en un gran partido ante Independiente. El clásico tuvo gran emotividad.
Fue un gran partido. Emotivo, cambiante y con siete goles, que pudieron ser más.
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San Lorenzo lo ganó porque tuvo una dosis mayor de fortuna que Independiente y porque Ramón Díaz en el segundo tiempo pudo corregir su esquema defensivo y «cerrar el partido».
Independiente jugó mejor que San Lorenzo en el primer tiempo. Desde el temperamento de Lucas Pusineri, que está volviendo a ser ese jugador importante que era otrora y con las proyecciones ofensivas de Fredes y Eluchans manejó el partido y tuvo las mejores situaciones. Sin embargo, pagó muy caro sus errores defensivos, ya que dos fallas de Guillermo Rodríguez le permitieron a San Lorenzo marcar sus dos goles.
San Lorenzo, en ese primer tiempo, no jugó bien. Tuvo muchas dificultades en manejar la pelota ya que Rivero y Ferreyra perdían permanentemente por los laterales y sólo Cristian Ledesma le daba claridad a la salida con sus pases precisos.
Los dos apostaron al jugar al ataque y demostraron tener más poder ofensivo que seguridad defensiva. Se puede hablar de errores y el de Guillermo Rodríguez saltando a destiempo en el gol de Gastón Fernández fue muy grosero, pero es infrecuente ver un partido parejo con siete goles y otras tantas situaciones claras.
En el segundo tiempo San Lorenzo se puso en ventaja con un cabezazo de Silvera y Ramón Díaz sacó al herrático Rivero para poner al defensor Bianchi Arce pasando a Alvarado a la mitad de la cancha y con ese cambio solucionó todos los problemas defensivos del equipo.
Independiente aprovechó el momento del cambio para empatar con un cabezazo de Lucas Pusineri, pero a partir de allí no progresó más en ataque.
También tuvo que ver en ello el cambio que había hecho Burruchaga sacando a Montenegro para poner a Ismael Sosa.
Alvarado fue el socio ideal para Ledesma para «barrer» todo el mediocampo y desde allí manejar los ataques de su equipo. Ante este dominio, Independiente, que había retrasado peligrosamente sus líneas le contestó con temperamento peleando cada pelota como la última. Sin embargo, en el que fue el gol del triunfo se quedaron todos pidiendo que la pelota había salido (cosa que no había ocurrido) y Jonathan Bottinelli la mandó a la red ante un grupo de jugadores «jugaban a la estatua» con la mano levantada.
San Lorenzo ganó porque nunca se dio por vencido, ni siquiera cuando era dominado en la cancha y en el resultado. Independiente perdió porque se retrasó a defender el empate y se olvido que su mejor defensa es su ataque.
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