Un paso en falso de Argentina

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Pekerman puso a todos los jugadores «que quería la gente», el periodismo se regocijó con los jugadores «de buen pie» (que lo tienen) y, en el fondo, todos esperaban un triunfo contundente. Por primera vez, Riquelme, Messi, Tévez y Cambiasso podían hacer un cuadrado, sino mágico, por lo menos, eficaz. Sin embargo, en los primeros cinco minutos, ya quedaron develadas algunas incógnitas.

Aunque ese «espaldazo» final que se convirtió en triunfo croata y dolor de cabeza para el cuerpo técnico otra vez haya dejado sabor a «injusticia» que, en realidad, si se analiza a fondo, no lo fue tanta. Simplemente, porque un partido se puede medir de muchas maneras: por la capacidad individual demostrada (donde se ganó sin dudas), por el desplazamiento de conjunto (que dejó más dudas que certezas) y fundamentalmente por las situaciones de gol favorables (que dejó un déficit como para asustarse).

Jugar con un doble cinco -con Demichelis y Cambiasso ventilando la zona central- y dos hombres de enlace -como lo fueron Riquelme y Messi- es promesa de un juego profundo y punzante. No lo fue, porque sólo Messi trató de entretejer una madeja que comenzaba casi desde la línea central y no encontraba ejecutores. Uno de ellos fue Crespo, que no encontró la pelota ni por arriba ni por abajo. Perdido Riquelme en el juego híbrido, fue desapareciendo Tevez, y el despliegue se hizo intrascendente.

Tanto que el mayor déficit se fue trasladando al campo defensivo de los argentinos. Precisamente a partir de la inseguridad que transmitió Abbondanzieri a partir de ese regalo que les hizo a los croatas al minuto de comenzado el encuentro, que Messi se encargó de disimular, mostrando su gran capacidad, manejo y una solvencia pocas veces vista para fabricar huecos. Argentina en ventaja (a apenas cinco minutos) fue más de lo mismo.

Pelotas lateralizadas, sin sorpresa, sin precisión, hicieron que el juego se emparejara. Tanto que se veía que los pocos expresivos croatas futbolísticamente hablando fueran ganando terreno y, con la simpleza de alguna pared por su lateral izquierdo y el reiterado «ollazo», desnudaron la inseguridad que partía de los desaciertos del arquero para transformarse en un grupo de defensores asustados.

En la faz defensiva hay que tener en cuenta que la sorpresiva lesión de Juan Pablo Sorín le hizo cambiar la táctica a Pekerman, poniendo a Leonardo Ponzio como volante por derecha y defender con tres zagueros centrales.

Contando las posibilidades de llegada de uno y otro, quedaba claro que Argentina estaba «más cerca del arpa que de la guitarra». Otra pelota por elevación determinó el empate, y cuando ya casi todos tomaban el camino de los vestuarios, apareció otro córner, nuevo centro que llegó al área en forma de centro, la pelota dio en la espalda de un croata, Abbondanzieri acompañó con la vista, balón en la red y gran problema para Pekerman. Se estará preguntando: «Quo Vadis, Argentina».

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