11 de febrero 2012 - 11:47

Una apuesta que rindió y simplificó el pase a cuartos

Jaite y Zabaleta apostaron por Nalbandian en jornadas seguidas y la decisión dio sus frutos.
Jaite y Zabaleta apostaron por Nalbandian en jornadas seguidas y la decisión dio sus frutos.
Por Héctor Torres.- Fue una verdadera muestra de carácter y temple la que brindaron David Nalbandian y Eduardo Schwank en el dobles, que le otorgó a la Argentina el punto decisivo para avanzar a los cuartos de final de la Copa Davis por undécimo año consecutivo. La ventaja de dos sets que habían sacado Philipp Petzschner y Tommy Haas asomaba casi imposible de remontar. Los adversarios lucían confiadísimos, imbatibles con el saque, arma fundamental de Haas, y atentos en las devoluciones, por el lado de Petzschner. Para colmo, en esos parciales iniciales, David estaba muy errático. Sus sutilezas características no pasaban la red o picaban afuera por amplio margen. La Argentina apenas se sostenía por las agallas de Schwank.

Sin embargo, casi sin proponérselo, la dupla albiceleste halló una oportunidad de quiebre cuando estaba 5-4 en el tercer set. Con la colaboración de Petzschner, la aprovechó y prolongó el match a un cuarto parcial. A partir de entonces, apareció el mejor Nalbandian. Aquellos toques, reveses y globos que al principio fallaba empezaron a funcionar, produciendo un efecto contagio en Schwank. El 6-3 para estirar la definición al quinto set fue corolario del gran momento anímico argentino. La cosa no estaba juzgada y faltaba el último empujoncito para liquidar el pleito el sábado.

Luego de un arranque parejo, en el que la dupla alemana daba indicios de reaparición, el partido tuvo su punto de inflexión en el quinto game. Acostumbrado a jugar bajo presión, Nalbandian siguió tirando lujos desde todos lados de la cancha y embolsó un quiebre decisivo. Mantuvieron la diferencia hasta el final y, al momento de sacar para el match, a Schwank no le tembló el pulso. Por segunda vez en la historia copera, la Argentina se sobrepuso a una desventaja de dos sets en contra. La última vez había sido en 1966, por la primera ronda, ante Chile.

Una vez más, Nalbandian se cargó la serie al hombro y certificó su alma copera. Con sólo el Abierto de Australia como rodaje oficial, privilegió el compromiso en Bamberg, sobre una superficie poco favorable para su patrón de juego, y entregó dos puntos importantísimos para evitar que se prolongara la tensión hasta el domingo. Tanto en los singles como en el dobles, revirtió situaciones delicadas con gran frialdad mental y mucha calentura tenística. Claro que al lado tuvo a un Schwank totalmente desinhibido, lanzado. Desde su debut con Horacio Zeballos, en los cuartos de final de 2010 ante Rusia, el rosarino se transformó en el doblista por naturaleza que tanto se buscaba para el equipo, a fuerza de destacadas actuaciones. Acumula una derrota y cinco victorias en la especialidad, las últimas cuatro de manera consecutiva (Kazajistán, Rumania, España y Alemania).     

Por otro lado, y con el resultado puesto, también es insoslayable el acierto de Martín Jaite en poner a Nalbandian los dos días de la serie sobre el polvo de ladrillo del Stechert Arena. En su debut como capitán, y tras el tranquilizador 2-0 del viernes, apostó fuerte por la pareja que tanta ilusión había despertado en la final perdida ante España, hace menos de tres meses, con el riesgo de que la serie pudiera definirse el domingo y de que el cordobés llegara exhausto físicamente, en el mejor de los casos. En consenso con Mariano Zabaleta, el subcapitán, le consultaron al ex-N°3 del mundo si estaba en condiciones de hacer el sacrificio y él no dudó. Por onceava temporada seguida, la Argentina se clasificó para los cuartos de final, que disputará ante Croacia en condición de local, que se disputará del 6 al 8 de abril. Ya habrá tiempo para analizar lo que viene. Por lo pronto, es hora de celebrar una resolución contundente de una serie que anunciaba riesgosa pero que Nalbandian, Mónaco y Schwank se encargaron de simplificar.

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