A pesar de que el ánimo de los argentinos no es el mejor, un público entusiasta celebra el arte que hoy ocupa un lugar protagónico en el escenario porteño. Las intensas jornadas comenzaron con la llegada al Malba de “Diego y yo”, la pintura cumbre de Frida Kahlo que todos quieren ver. Desde entonces, imparables, se suceden los encuentros y los brindis, los planes y celebraciones. La última edición de la Feria arteBA convocó a su numerosa clientela y, los resultados de las ventas, si bien limitados a valores medios, superaron en cantidad a los esperados. Poco después, la firma Chandon presentó su mejor y más definida propuesta en el edificio histórico art déco rodeado de jardines del Tiro Federal, con tres días de fiesta que culminaron cuando se inauguró la populosa Noche de los Museos. En esa jornada se calcula que más de 100.000 personas recorrieron los museos.
En la tercera edición de Chandon Artground, se puso en evidencia el deseo de conquistar el público joven y popular de los recitales. Esta firma patrocinó durante décadas la feria arteBA y un premio que marcaba la tendencia del arte argentino. Ahora, cuando el mundillo del arte ya está cautivo, salió en busca de una nueva clientela y presenta conciertos en pequeña escala.. El arquitecto y diseñador cordobés Julio Oropel, presentó, en el papel de curador, instalaciones artísticas y decorativas, experiencias interactivas, arte inmersivo, performances, teatro y gastronomía. Pero las actividades giraron en torno de la música en vivo, el verdadero objetivo.
En el terreno del arte, Luis Terán presentó sus “Versiones habitables”, dos esculturas de madera con una plataforma que le brindaba al público la posibilidad de ingresar al interior de la obra. Las esculturas tienen su origen en “Giro triangular”, perteneciente al patrimonio del Museo Moderno de Buenos Aires. De acuerdo con el punto de vista desde el cual se observe la obra, se divisa una secuencia de triángulos equiláteros de madera rústica unidos unos a otros. La pieza parece ir rotando y provoca la sensación de movimiento. Dada la pluralidad de perspectivas que ofrece la escultura, la tradicional firmeza del único punto de vista de un espectador en actitud contemplativa, se quiebra. Así se desencadena el fenómeno cinético. La poliperspectiva obliga a “engranar” un punto de vista con el que le sigue a continuación, el ojo va de un ángulo al otro. La obra “organiza” de este modo la mirada, induce a percibir el movimiento (el lema de Chandon para este año era “Cambia la Mirada”). El artista utiliza este recurso óptico para cambiar la mirada del espectador.
Luego, entre las obras más llamativas, estaba el ardoroso “Fuego” de Paul Sende, una instalación compuesta por 36 perfiles de luces LED que configura una fogata digital con aspiraciones futuristas. Además, en el antiguo polígono de tiro, la obra “Pulsar”, se llevaba todas las miradas con el cambiante “cielo” del grupo estudio Plan, integrado por Mariana Albornoz, Lolo Armendáriz, Florencia Rocha y Daniel Tirado. Los grandes paneles luminosos deparaban un feliz encuentro con la tecnología, una experiencia interactiva dado que las luces y colores se movían siguiendo el ritmo de la gente que pasaba y caminaba a su alrededor. Así la obra provocaba la grata sensación de estar entre nubes.
Con el afán de “generar propuestas artísticas participativas”, se presentó un trabajo idéntico a un “Penetrable” del venezolano Jesús Soto, con las cintas blancas y luminosas que bailan cuando el público atraviesa la superficie. Ya en el año 1967, Soto invitaba al espectador a desplazarse, integrarse a la obra y percibir así la “materia-energía” del mundo.
El uso de globos de un solo color en un espacio donde el espectador se introduce y juega, trae a la memoria la obra del británico Martin Creed que invita al espectador a interactuar y a explorar su lado más lúdico, ya que para poder apreciar la obra “deberá sumergirse literalmente en ella”. De este modo se vuelve tangible y visible algo tan efímero e inmaterial como el aire. La acumulación de este objeto proporciona un espacio para el juego. En la planta baja del edificio se podía ingresar a una gran pileta llena de pelotitas rosas. Luego, la propuesta “El ansia” de Solange Agterbeg sumó más de 20.000 globos rojos que utilizó para construir un extraño pasillo de 8 metros de extensión. Una paisajista, florista y bibliotecaria conocida como Efímera Floral presentó “Flora galáctica”, un paisaje cambiante con flores y plantas diversas.
Durante la Noche de los Museos, el Moderno presentó una programación especial, con artistas de diversas regiones del país y con la Orquesta Escuela Juvenil de San Telmo dirigida por Clara Ackerman. 60 músicos cortaron la Avenida San Juan, acompañados por bailarines de folklore con trajes típicos. Sobre la fachada se proyectaron videos del proyecto “Mi Vereda”, curado por Vale Vilar y Zoé di Rienzo. El recorrido continuó en el Patio y en las salas de exposiciones. “Esta es probablemente la noche de los museos más espectacular que haya hecho el Moderno en su historia”, aseguró la directora del Museo, Victoria Noorthoorn.
Con múltiples conciertos, los museos acompañaron las exhibiciones, y el pequeño Museo Roca, invitó a su público a bailar el swing, con clases incluidas.
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