19 de agosto 2003 - 00:00

Acuerdos, por ahora, sólo papel

Al mejor estilo justicialista de evitar cualquier problema políticamente difícil de resolver y que requiera un «congelamiento» temporal, la Argentina adoptará la fórmula de implementar «grupos de trabajo» por 90 días para evaluar las posibilidades de incrementar el intercambio comercial con Venezuela. Esta es la salida más elegante que el gobierno de Néstor Kirchner encontró para sortear políticamente la visita de Hugo Chávez, dando un marco diplomático a la firma de «protocolos comerciales» que puedan dar la impresión de que la relación entre los dos países se profundiza cumpliendo «el sueño bolivariano» del visitante. Pero reconociendo que en la práctica la Argentina no le puede dar casi ningún contenido concreto a los acuerdos, más allá de avanzar en la posibilidad de enviar más porotos negros, un bien que difícilmente compita con el petróleo venezolano.

Lo que los dos países firmarán, en realidad, hoy a las 11.30 en la Casa de Gobierno (en el único acto oficial que el Poder Ejecutivo tiene organizado para Chávez), serán cinco protocolos (no llegan a la categoría diplomática de acuerdos), de los cuales tres se concentran en posibilidades de intercambio comercial. Serán uno sobre energía y petróleo, otro de alimentos y un tercero de desarrollo de tecnología satelital. Lógicamente, los más importantes políticamente serán los dos primeros, aunque el tercero le permitirá a la Argentina acceder a ciertos servicios de comunicaciones continentales con un costo menor que el internacional. Tanto para el caso del petróleo como para el de los alimentos, los dos países se comprometerán hoy a formar una «comisión» o «grupo de trabajo binacional», con los cuales estudiarán durante 90 días las posibilidades de avanzar en futuros acuerdos de intercambio comercial entre los dos Estados.

Para Martín Redrado, esta fórmula de ganar tiempo salva las circunstancias políticas de generar algún tipo de firma protocolar que demuestre que Kirchner tiene voluntad de avanzar en las líneas «bolivarianas» de Chávez, pero sin colocarles contenido concreto a los acuerdos. Simplemente se formarán grupos de negociadores de los dos países que estudiarán las «posibilidades de avanzar en una integración comercial bilateral» bajo la fórmula del venezolano que habla de intercambiar combustibles por alimentos.

La propuesta petrolera de Chávez sería más o menos la siguiente. Petróleos de Venezuela (PDVSA) instalaría unas 50 estaciones de servicio en el territorio argentino, vendería ese combustible a un costo 20% menor que el de mercado y a un plazo de 15 años y con 2 de gracia.A cambio de esta oferta, el venezolano pide comprar alimentos, medicinas y otros servicios, también a precio referencial y más bajo que los internacionales.

•Oferta

Desde la Cancillería argentina saben que la oferta de Chávez es imposible de llevar a la realidad. En Venezuela PDVSA es estatal y puede ofrecer en teoría petróleo al precio que quiera. Igualmente, casi la totalidad de producto de este bien tiene destino Estados Unidos, y no se entiende por qué Chávez renunciaría a ganar 20% vendiendo petróleo a la Argentina teniendo mercados cautivos. Pero suponiendo que el presidente venezolano avanzara igualmente en esa idea, para la Argentina la ventaja comercial aún no aparece.

A diferencia de PDVSA,
el gobierno argentino no tiene ninguna compañía de alimentos o medicinas cuyos bienes pueda ofrecer y garantizar como suministro a cambio del petróleo venezolano. Además, las grandes empresas de alimentos locales (Arcor, Molinos, las lácteas, los exportadores cerealeros, los frigoríficos, etc.), compran su combustible en el mercado al mejor precio posible, así sea el de PDVSA, el de Repsol YPF o el de Petrobrás, el último actor que se sumó.

Ninguna de estas empresas, como tampoco los laboratorios, puede garantizar que cumplirá con los requerimientos de Venezuela en la provisión de alimentos, a no ser que el precio de compra sea bueno
. La única alternativa que le quedaría al gobierno argentino para satisfacer la idea «bolivariana» de Chávez es la de obligar a las productoras de servicios a comprar petróleo de PDVSA o estatizar compañías privadas, dos alternativas que Néstor Kirchner no evalúa.

Igualmente, algún tipo de avance podría haber. Venezuela demanda porotos negros (frijoles), productos que prácticamente no tienen demanda local pero que desde México hasta el norte de América del Sur tienen mercados. Los precios locales no son competitivos para ingresar en México (país que subsidia esta producción), pero sí lo serían para Venezuela si no se implementan barreras aduaneras. Como la Argentina tiene un nivel de producción (sobre todo en Salta y Jujuy) aceptable y que podría abastecer parte de la demanda insatisfecha venezolana, el «grupo de estudio» del sector de alimentos podría avanzar en este capítulo.

Pero de todas formas cualquier avance en la posibilidad de exportar porotos negros ni se acerca a completar el 10% de lo que Venezuela pide a cambio de su petróleo 20% más barato.

Existe otro problema que atenta contra las posibilidades de avanzar en acuerdos comerciales con Venezuela
. La condición esencial para interesar a los productores de alimentos de la Argentina en comprar el petróleo venezolano a cambio del envío de bienes, es que precisamente puedan ser colocados en ese mercado. Para esto se necesita que exista una demanda importante, algo poco probable de encontrar en una economía que este año (según las cifras que la CEPAL dio a conocer hace 15 días) caerá entre 11% y 12% en 2003 y otro tanto en 2004. La misma cifra que cayó la economía argentina el año pasado, pero luego de una devaluación y de la crisis más importante de su historia económica.

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