El caso Aerolíneas Argentinas se parece cada vez más a un reality show: cada semana sale alguien de la casa. Ayer fue el turno de Jorge Brito, luego de que sucesivamente se fueran «bajando» de la posibilidad de entrar como socios a la problemática aérea los empresarios Eduardo Eurnekian (Aeropuertos Argentina 2000), Claudio Cirigliano (Grupo Plaza), la española Isolux Corsan y varios otros a quienes el gobierno intentó seducir en ese sentido.
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Así las cosas, el único que permanecería en la casa del Gran Hermano sería Juan López Mena, dueño de Buquebús, la línea de barcos que cruza el Río de la Plata. Sin embargo, la infusión de fondos que hará falta para sacar a Aerolíneas Argentinas de su problema casi terminal no es menor: fuentes de la industria ubican en u$s 400 millones la cifra necesaria para su rescate.
Es a todas luces un importe que excede las espaldas de más de uno de los postulantes, sobre todo ante la incertidumbre de que se la podrá recuperar. A menos, claro, que sea el Estado quien allegue el auxilio financiero, algo imposible en el actual esquema societario de la compañía, pero probable cuando ingrese el empresario que la «argentinizará». Seguramente por la dificultad de llegar a buen puerto que está enfrentando el gobierno -a través del secretario de Transporte, Ricardo Jaime- es que se multiplican las versiones, las operaciones y los falsos rumores. Es el caso de una información llegada ayer desde Madrid, en la que se indica que Marsans ya acordó con la administración nacional un nuevo esquema accionario y el ingreso de capitales nacionales. A pesar de que es un hecho que al grupo turístico español le gustaría que fuera cierto, la especie no lo es.
Accionistas
Tampoco se ajusta a la verdad que Gerardo Díaz Ferrán vaya a viajar a Buenos Aires para cerrar el acuerdo con su nuevo accionista. Será su socio Gonzalo Pascual quien arribe a Ezeiza mañana por la noche, como todas las semanas, para participar el jueves de la reunión del Comité de Gestión de Aerolíneas.
Hasta estas horas, y por lo que se sabe en la industria, la nueva composición accionaria de Aerolíneas Argentinas se dividiría de la siguiente forma:
30% para el Estado y sus «asociados»;
70% para los accionistas privados;
del 30% «oficial», 20% irían a poder del Estado nacional; el restante 10% se dividiría entre los trabajadores y algunas provincias interesadas en invertir en la aérea, a cambio de lo cual recibirían garantías de que serán mantenidas como destinos aun cuando la ruta no sea rentable;
del 70% privado, Marsans conservaría la mayoría (51% de esa participación) y el restante 49% iría a manos del nuevo socio local, que por estas horas sería el mencionado López Mena, siempre y cuando no decida autoexcluirse como sus involuntarios compañeros de «reality show».
Sin embargo, la gran indefinición está aún en quién manejará la nueva empresa; es un hecho que Enrique Meliá dejará de ser el CEO de la aérea, y su reemplazante podría ser designado por el socio local.
A partir de que se confirme quién entrará en Aerolíneas, se iniciarán dos auditorías: una por parte del comprador, para ver qué está adquiriendo, y otra por el vendedor, para saber a ciencia cierta cuánto vale su empresa. Con deudas acumuladas de casi u$s 400 millones y una pérdida operativa de u$s 15 millones mensuales, ambas evaluaciones serán complicadas.
Todo esto, insisten en la industria, valdrá menos que el papel donde esté escrito si el gobierno no cumple con el decreto 1012/06, firmado por Néstor Kirchner el 15 de agosto de 2006; allí se disponía no sólo un aumento de las bandas tarifarias sino también una serie de medidas fiscales y a nivel de seguros que darían un nuevo aire no sólo a Aerolíneas sino a todo el sector. Por razones fácilmente entendibles (el interés de Jaime de encontrar un «socio local») ese decreto nunca se aplicó; tampoco la resolución de Transporte fijando el valor «puesto en el ala» del JP1 (el combustible de aviación) en $ 2,27, lo que equivaldría a pagar u$s 90 el barril de petróleo, y no los cerca de u$s 120 que se abonan hoy.
Otro dato no menor para quien quiera ingresar como socio a la aérea es su altísima conflictividad gremial: en la empresa actúan nueve sindicatos, de los cuales al menos dos -el de pilotos y el de técnicos- mantienen un enfrentamiento histórico con el Grupo Marsans. ¿Se conformarán Jorge Pérez Tamayo y Ricardo Cirielli, caciques de ambas organizaciones, con la entrada de un empresario argentino? ¿Su aversión por «lo extranjero» llegará al punto de cuestionar a López Mena por el hecho de tener nacionalidad uruguaya?
Curiosamente, a Aerolíneas hoy no le vendría mal uno de los muchos paros salvajes que protagonizaron los pilotos: al menos se ahorraría los remises (más de 1.000 viajes diarios) que transportan a sus pilotos y tripulantes de cabina a las terminales aéreas; también dejarían de pagar el combustible que ni de cerca se compensa con lo cobrado por pasajes congelados. En la actualidad, sobre 33 rutas de cabotaje, Aerolíneas sólo muestra pérdidas en cuatro: Bariloche, Córdoba, Mendoza y Salta.
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