Quedó en un recuadro la primera actuación de 2003 para el recinto de Buenos Aires, porque si bien el descender de los Mervales no impacta en su magnitud, sí lo hace en el signo adverso y cuando -justamente- Wall Street rescataba sus viejos oficios de ser «locomotora» del mundo. A través de imaginarse un perfil más concreto sobre repuntes económicos, el Dow subió casi 3%, repercutiendo más fuerte en Europa y con una Bolsa alemana de notable 7,3% de incremento.
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Por aquí, al revés. Con esa luz que se abre entre el «real» y el «peso», retornando la sombra de industria brasileña más competitiva contra lo nuestro, no dejó de ser extraña la inauguración de ejercicio con acciones de Buenos Aires, en un retroceder opuesto a casi todo el sistema mundial.
Nuestra sociedad virtual volvió al ruedo, con «Poco & Nada» se resume el andar del primer día bursátil, que deparó una baja de 0,90% en el indicador ponderado -nuevamente extendido a insólitas marcas, de más de «30» papeles- con la salida del Santander español y reemplazado por «8» seleccionados de locales, que licuaron lo que debiera ser una muestra mucho más esencial de un mercado de por sí muy resumido en especies cotizantes habituales. Pero es lo que hay, la ponderación por volumen tiene sus reglas fijas y el Merval es un «chicle», capaz de toda sorpresa. Pocos movimientos, depuraciones, falta del mínimo entusiasmo. Pobre.
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