Es una pena , pero los mercados financieros de todo el mundo parecen estar acostumbrándose a convivir con los ataques terroristas. A pesar de la sorpresa inicial que significaron las bombas en Londres, justo cuando gran parte de la población continuaba celebrando la designación como sede para las Olimpíadas de 2012 y mientras la reunión del G-8 (en Escocia) obligaba a que el país estuviera bajo un estado de alerta máxima (el índice FTSE cayó casi 4%, el Dow 0,92%, la libra toco el mínimo desde diciembre de 2003 ante el dólar, que a su vez retrocedió a u$s 1,2045 por euro, 1,284 franco suizo y 111,7 yenes, el oro tocó u$s 427 por onza, la tasa de los bonos del Tesoro a 10 años descendió a 3,93% y el petróleo se desplomó 7,5% a u$s 57,2 por barril), veinticinco minutos después del mediodía veíamos que todo parecía de a poco volver a la normalidad: la tasa se arrimaba a 4,05%, los tres principales índices bursátiles norteamericanos quedaban menos de un punto debajo de los valores de cierre del miércoles y el FTSE reducía su pérdida a un ligero 1,36%. Sin que se produjeran novedades de importancia para las tres de la tarde ya casi nadie hablaba de los atentados, concentrándose, en cambio, en los números que daría a conocer Alcoa luego del cierre y en los del empleo que conoceríamos hoy . Así, al momento de sonar la campana el Promedio Industrial cerraba en lo mejor del día, trepando 0,31% a 10.302,29 puntos. Por ese entonces el oro había caído a u$s 424,2 la onza, el petróleo cerraba con una leve baja en u$s 60,73, la tasa en 4,031%, el euro en u$s 1,1946 y el yen en 112,04.
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