Arriazu es menos optimista

Economía

El estudio Arriazu fue el encargado de preparar en esta ocasión la tradicional entrega de «El economista del mes». Pasa revista a los principales riesgos que tiene hoy el país y destaca que éste seguirá el fuerte crecimiento y que hay mejores precios agrícolas por la sequía australiana. Advierte que, en paralelo, habrá una mayor presión inflacionaria por la ausencia de incrementos importantes en la capacidad productiva. El informe, preparado por el estudio fundado por Ricardo Arriazu, contó con la participación del economista Fernando Marengo.

1 - ¿Cuán sustentable es la actual expansión económica?

El actual ciclo expansivo de la economía argentina es uno de los más prolongados del pasado reciente. El actual nivel de actividad supera en casi 50% el del peor momento de la recesión en marzo de 2002. La incipiente recuperación, que se inició en abril de ese año, se transformó gradualmente en un vigoroso proceso de crecimiento sin signos evidentes de una atenuación significativa. A diferencia de otros períodos expansivos, este crecimiento está acompañado por saldos positivos en las cuentas fiscales y externas, lo que reduce nuestra tradicional vulnerabilidad. A pesar de ello, muchos analistas plantean dudas acerca de la sustentabilidad de este crecimiento, quizás influidos por nuestra larga historia de inestabilidad y por el escaso crecimiento de la capacidad productiva, en particular si se lo compara con la tasa de expansión de la demanda agregada.

Nuestro país enfrentó desde los albores de su existencia numerosas crisis económicas en un ambiente de severos conflictos económicos y políticos. Aunque las crisis cíclicas son algo común a muchos países, las de la Argentina se han destacado por su severidad y frecuencia. Las cifras del PBI muestran 21 ocasiones en las cuales éste se redujo en términos absolutos, y 10 en las que su tasa de crecimiento excedió 10%. Cada una de estas crisis dejó importantes secuelas negativas en el campo cultural, social, político y económico. Muchos analistas atribuyen esta inestabilidad a ciclos de gastos excesivos, de endeudamiento y de reestructuraciones de deudas explicados por motivaciones políticas. Si bien estos eventos son importantes para explicar los ciclos y los pobres resultados económicos, la evidencia empírica muestra que son el reflejo de los efectos combinados de numerosos factores negativos de carácter institucional, cultural, económico, social y político.

2 - ¿Qué está pasando con la capacidad productiva y con la productividad?

La tasa de crecimiento promedio del PBI durante los últimos 45 años fue de sólo 2,7%, lo que es insuficiente para generar un crecimiento del empleo que permita la absorción de la nueva población que se incorpora al mercado laboral, así como reducir los actuales niveles de desempleo. Para lograr este objetivo, sería necesario elevar la tasa de crecimiento por encima de 5%. Este decepcionante desempeño económico está explicado por los bajos niveles de inversión y de productividad, variables que a su vez estuvieron influidas por la calidad y estabilidad de los incentivos económicos, por la estructura del sistema tributario, por la percepción de seguridad jurídica y gobernabilidad, por los niveles de educación y por la actitud de la población en relación con los emprendimientos económicos. Las escasas mejoras promedios en productividad (menos de 0,4% por año) ocultan amplias fluctuaciones entre décadas. Los actuales niveles de inversión (21,7% del PBI) están influidos por el escaso nivel de ahorro, por la falta de un mercado de capitales eficiente y por la ausencia de reglas claras que la incentiven. Para alcanzar una tasa de crecimiento superior a 5%, se necesitan niveles de inversión superiores a 25% y mejoras significativas en la asignación de recursos que permitan mejorar la productividad.Este incremento en la tasa de inversión debe ser acompañado por un aumento en la tasa de ahorro para evitar desequilibrios en las cuentas externas. Si bien se pueden utilizar recursos externos para financiar una mayor inversión, este uso del ahorro externo se reflejaría necesariamente en desequilibrios en las cuentas externas, lo que, considerando las recurrentes crisis de balanza de pagos en la Argentina, generaría dudas respecto de la «competitividad» del peso. Un incremento en la tasa de ahorro del sector público (mayor superávit primario) permitiría romper este dilema.

3 - Entonces, ¿qué factores explican el actual crecimiento económico?

La crisis económica asiática de 1997 puso fin a la expansión económica argentina del período 1991-1997. Su impacto sobre la economía argentina fue inicialmente muy suave, situación que se modificó radicalmente luego del default ruso. La caída de los precios de las materias primas y las dificultades de acceso a los mercados de capitales redujeron la capacidad de compra interna, lo que, sumado a crecientes problemas fiscales y de gobernabilidad, generó un proceso recesivo que duró cuatro años, durante el cual la economía se contrajo 28%. Esta disminución de la demanda llevó a una subutilización de la capacidad instalada industrial superior a 40% y al crecimiento del desempleo a niveles cercanos a 25%. Esta situación tocó fondo a mediados de 2002, cuando la demanda agregada interna comenzó a expandirse por los efectos combinados de mejores precios internacionales, menores salidas de capitales y una incipiente expansión en los volúmenes exportados. Esta expansión de la demanda incentivó el incremento de la producción, la que se vio facilitada por la capacidad productiva ociosa.

Los niveles de inversión se mantuvieron inicialmente por debajo de la depreciación, por lo que la capacidad productiva se reducía al mismo tiempo que aumentaba la producción. El crecimiento de los dos primeros años fue semejante al de otras recuperaciones poscrisis, pero a partir de 2005 la expansión se transformó en un proceso genuino de crecimiento, acompañado por un suave incremento de la capacidad productiva, el cual continúa en la actualidad. Sin embargo, este crecimiento es inferior al de la demanda agregada, lo que plantea serios interrogantes acerca de los efectos que generaría si continuara esta tendencia. La experiencia histórica muestra que el resultado inevitablemente sería la falta de productos, inflación y problemas de balanza de pagos.

4 - ¿Qué factores explican el crecimiento de la demanda agregada?

Existen diversos factores que explican el crecimiento de la demanda agregada. Ellos pueden ser agrupados en dos grandes categorías: factores externos (variaciones en los términos del intercambio y en los movimientos de capitales) y factores internos (política fiscal y política monetaria, a los que se les puede agregar la situación energética). La experiencia muestra que, además de estos factores, existen otros que deberían ser tomados en consideración al proyectar la futura evolución del PBI, entre los que se destaca el clima. En la expansión de los últimos cuatro años se observan básicamente dos etapas. La primera, hasta 2004 inclusive, caracterizada por una reversión favorable de la situación internacional, y una segunda en las que las políticas internas se tornaron más expansivas.

Durante la primera etapa, el motor principal del crecimiento fue la favorable situación internacional que se reflejó en subas de precios de las materias primas y bajas tasas de interés. El efecto combinado permitió incrementar en forma significativa la capacidad de compra del sector privado, con el consecuente impacto sobre actividad económica. En esta etapa, las políticas internas (fiscal y monetaria) actuaron en forma astringente, atenuando la expansión de la demanda agregada.

En la segunda etapa, los precios internacionales agrícolas dejaron de crecer, aunque se mantuvieron elevados, y se incrementaron las tasas de interés, pero este menor impulso fue compensado por la extraordinaria cosecha agrícola en la campaña 2004/ 2005 y por un fuerte impulso interno proveniente tanto del lado crediticio como de la política fiscal, fundamentalmente al nivel de los gobiernos provinciales. Para este año, esperamos que el crecimiento de la demanda agregada continúe siendo importante, motorizada por una nueva cosecha agrícola récord, por una mejora en los precios agrícolas asociada a la sequía australiana y por políticas fiscales y crediticias expansivas. Dado que no se esperan incrementos importantes en la capacidad productiva, es de esperar que crezcan las presiones inflacionarias, que se incrementen los problemas de oferta en algunos sectores y continúe el deterioro de las cuentas externas, disimulado por la suba de los precios internacionales. Según esta explicación, los desarrollos económicos internacionales afectan en forma significativa a la economía argentina.

5 - ¿Cómo ven las perspectivas de la economía internacional?

Es habitual observar cómo durante los períodos de expansión económica se pondera el buen manejo realizado de las políticas económicas, mientras que en los períodos recesivos se tiende a culpar a los encargados de diseñarlas por su mal manejo, obviando generalmente del análisis el impacto que tienen los factores externos y exógenos, así como los institucionales, a la hora de explicar el crecimiento de la economía. Sirve como ejemplo para cuantificar la magnitud de estos shocks mencionar que el superávit comercial de u$s 12.400 millones registrado durante 2006 habría sido de tan sólo u$s 5.500 millones de haberse registrado los precios del año 2002, con lo cual no hubiese existido prácticamente el superávit en la cuenta corriente. Existen básicamente dos teorías para explicar la actual bonanza internacional. La primera de ellas supone que la economía mundial está siendo beneficiada por un cambio estructural permanente de ésos que se dan cada cien años. Esta teoría se sustenta en el crecimiento económico experimentado por China y la India, países que incorporan centenares de millones de trabajadores al sistema productivo y a la economía de mercado, proceso que sólo se equipara en importancia al descubrimiento de América. En esta línea, algunos analistas sostienen que el extraordinario crecimiento experimentado por China es resultado de la recuperación de su participación histórica en el PBI mundial, la cual era de 35% hasta el siglo XVI.

La segunda teoría argumenta que los actuales precios internacionales son el reflejo de un ciclo económico temporario y de los desequilibrios macroeconómicos observados en la economía de los EE.UU.

6 - ¿Y el boom de inversión en el mundo?

A estas dos posturas se les debe agregar aquella que plantea que el mundo está viviendo un boom de inversión, y de productividad, consecuencia del exceso de ahorro. Esta podría ser una posible explicación si el mundo estuviera evidenciando tasas de crecimiento elevadas y distintas de las experimentadas con anterioridad, situación que no reflejan las estadísticas agregadas a nivel mundial.

Respecto de la posibilidad de que el crecimiento económico de China y de la India expliquen el crecimiento económico mundial y los actuales precios internacionales, parece demasiado ambicioso teniendo en cuenta que China representa 5,5% de la producción mundial, mientras que la India representa 1,8%. Ambas economías en conjunto constituyen 25% de la economía americana y tienen un tamaño equivalente a 80% de Japón. Ciertamente, es innegable que algún impacto deben tener, pero resulta muy optimista pensar que estas economías marquen el ritmo de la economía mundial. Por otro lado, la segunda teoría plantea que el desempeño de los EE.UU. afecta en forma significativa a la economía mundial. Su producción total de bienes y servicios representa más de un cuarto del total de la producción mundial. Los ciclos expansivos y contractivos en esta economía se transmiten a casi todos los países del mundo a través de importaciones, precios internacionales y movimientos de capitales.

7 - ¿Y qué pasa con las economías emergentes?

En el caso de las economías emergentes, estos efectos son frecuentemente amplificados por su mayor dependencia de las exportaciones de materias primas, por la tendencia a endeudarse en las fases positivas de los ciclos y por la volatilidad de los movimientos de capitales. Los desequilibrios que se observan en EE.UU. son el resultado de un ritmo de crecimiento de su gasto interno muy superior al de su capacidad productiva. Cuando esto sucede, ocurren cuatro fenómenos: crece la producción, se reduce la capacidad ociosa y el desempleo, aumenta la inflación y se deterioran las cuentas externas. La importancia relativa de cada uno de ellos depende de la magnitud de la capacidad ociosa y de la voluntad del resto del mundo para financiar los desequilibrios externos. Cuando la capacidad ociosa se agota, y el resto del mundo se niega a ampliar su financiamiento, el ajuste se vuelve inevitable si se desea impedir una aceleración inflacionaria.

Durante 2006, la demanda agregada interna en los EE.UU. se expandió 6,4% y se reflejó en un crecimiento de la producción de 3,3%, de los precios de 3,1%, y casi sin deterioro de las cuentas externas. La capacidad productiva crece a un ritmo no mayor que 2,5% anual. La capacidad ociosa en la industria está cayendo desde 2002 y se encuentra en niveles muy cercanos a su máximo histórico. Los niveles de desempleo se han reducido en forma significativa y se encuentran muy cercanos a niveles de «pleno empleo».

Si la demanda continúa creciendo al mismo ritmo del pasado reciente, la tasa de crecimiento se reducirá gradualmente a su nivel sustentable (2,5%), se incrementará la tasa de inflación y crecerá el desequilibrio externo. En este contexto, la reducción del ritmo de expansión de la demanda es inevitable; y su magnitud, significativa. La historia económica de los EE.UU. muestra muchos ejemplos de ajustes como el descrito (ver gráfico). Cada vez que el gasto nominal creció por encima del PBI nominal aceptable, las autoridades iniciaron un proceso de ajuste. Cada ajuste en los EE.UU. (1973, 1979, 1982, 1986, 1990, 1995 y 2001) coincidió con períodos de crisis en la Argentina. Los últimos ejemplos de ajuste traumáticos fueron los de los años 1980-82 -período en el cual cuarenta países emergentes entraron en default- y el de 1989-1990, coincidente con el inicio del largo estancamiento en Japón.

Si analizamos el ajuste de 2001 como ejemplo de «soft landing», se observa que durante ese año la expansión de la demanda agregada interna se contrajo en forma significativa, de 7% a 2,9%. Este ajuste se reflejó en un menor crecimiento de la producción, de 3,7% en 2000 a 0,75% en 2001, y en una reducción del desequilibrio externo.

Sin embargo, la tasa de inflación continuó creciendo por algún tiempo y recién se redujo en 2002, como reflejo de la inercia inflacionaria. La disminución de la demanda se reflejó también en una disminución de los precios de las materias primas. El índice general de precios de materias primas se redujo más de 35% entre setiembre de 2000 y enero de 2002. Cinco países (Canadá, China, México, Japón y Alemania) concentran 55% de las importaciones de los EE.UU. y son los que sufrirán directamente una contracción de la demanda. Sin embargo, muchas de estas naciones importan materias primas de terceros países. Esto es particularmente cierto en el caso de China, que registra un superávit de más de u$s 200 mil millones con EE.UU., pero un déficit de u$s 90 mil millones con el resto del mundo. Si China no puede canalizar su producción de bienes exportables a su mercado interno, el impacto negativo sobre otros países (efecto dominó) será inevitable, aunque el impacto sobre la economía china no sería tan severo.

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