«La actual corrida financiera contra los depósitos bancarios, así como el temor del mercado respecto de la convertibilidad parecen exagerados al contrastarlos con las fortalezas objetivas que hoy puede exhibir el sistema financiero.»
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La conclusión corresponde a la «Síntesis económica financiera semanal», preparada por la Fundación Capital, que más adelante agrega: «Pese a la pérdida de 7% de los depósitos totales, la liquidez total actual de los bancos es elevada y ronda 25% de los depósitos».
La entidad que preside el economista Martín Redrado asegura que «la fortaleza del Banco Central para enfrentar una pulseada mayor que la actual es importante, ya que aún se cuenta con margen para asistir con liquidez a los bancos; existen reservas líquidas excedentes por sobre las necesarias para respaldar la base monetaria».
Agrega que el sistema financiero está altamente depurado, y que «aproximadamente 50% del mercado corresponde a bancos extranjeros, cuyas casas matrices cuentan con activos que superan ampliamente el tamaño de nuestro sistema bancario».
La Fundación advierte que pese a la pérdida de alrededor de 7% de los depósitos totales, la liquidez real sigue siendo «muy elevada». Afirma que los bancos «cuentan con una red de seguridad de más de u$s 18.000 millones, que representan algo más de 25% de los depósitos totales».
A partir de estos datos, la gente de Redrado llega a la conclusión de que «sin pánico financiero, las fortalezas en el frente cambiario y financiero (respaldo de la convertibilidad, liquidez y solvencia de las entidades) deberían resultar suficientes para que no se espiralice el presente retiro de fondos del sistema, impidiendo así un colapso sistémico».
Asimismo, el trabajo recuerda que, como en marzo de 1995 (el efecto tequila) se logró dominar un escenario de pérdida de depósitos de los bancos con una red de seguridad conformada con fondos del FMI y aportes de actores locales, «es necesario en la actualidad disipar rápidamente el temor de los ahorristas con una red de fondos adicionales», que podrían provenir de un denominado «blindaje II» para el sistema financiero.
El mismo podría conformarse con aportes de organismos multilaterales, o por la gestión de la ampliación del actual seguro anti-crisis.
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