Cerró su agenda en España Néstor Kirchner cenando con el presidente José María Aznar en una taberna de Madrid Viejo. El argentino había recibido durante el día dos importantes promesas de inversión (Aerolíneas Argentinas y Telefónica). Pero durante la cena, Aznar finalmente fue al punto que más preocupa afuera: le dio un ultimátum respecto del lugar que debe ocupar la Argentina en el mundo. No es coherente recurrir a España o a Bush cuando se necesita cobijo y, a la vez, desafiarlos públicamente desde los micrófonos. Kirchner dio sus razones: «Tengo popularidad en mi país, pero no poder». Es evidente que Kirchner no se animó a desairar esta vez a los representantes del mundo de la libre empresa. Aprovechando esa actitud, Aznar le señaló el rumbo: «Tu mejor año para llegar a acuerdos es éste; de aquí en más, el tiempo corre en tu contra». Por «acuerdos» debe entenderse que preocupa a España (y a Bush, amigo de Aznar e impulsor de la velada de anoche) la relación con los acreedores privados, con el Fondo y con las empresas. Se pretende en España (al menos en el Partido Popular), antes de preferir a Brasil en América la-tina, que Kirchner fije un rumbo predecible, que dé más seguridad jurídica a los inversores que el gobierno argentino se encargó de seducir durante tres días. Parece haber entendido el presidente argentino: «Yo respetaré las reglas de juego, no las voy a modificar. Cumplo». Hoy, antes de emprender su regreso, Kirchner mantendrá reuniones con el titular del BBVA, que controla en el país el Banco Francés y con empresarios pesqueros.
Los matrimonios Aznar (José María e Inés Botella) y Kirchner (Néstor y Cristina Fernández) honraron ayer el menú del célebre restorán Casa Lucio.
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Según la información que este diario pudo recoger en el Ministerio de Asuntos Exteriores de este país, la charla iba a resultar áspera, sobre todo si Aznar exhibía la acidez e ironía que le conocen quienes lo rodean de cerca. El Presidente se mostró incómodo durante toda la tarde -revelaron sus íntimos-por esta comida que, en alguna medida, interpretó como una especie de encerrona a las que no está habituado.
El primer problema que estaba previsto en la agenda de Aznar tiene que ver con las relaciones entre la Argentina y los deudores, sean éstos el Fondo Monetario Internacional o los tenedores de títulos públicos en default.
Kirchner estuvo reunido ayer con uno de los más cercanos amigos del primer ministro, el presidente de Telefónica, César Alierta. Julio De Vido compartió reuniones con otros empresarios españoles, ligados al negocio energético.
De todas esas fuentes se pudo reconstruir lo que Aznar le dijo anoche a su colega: «Tienes que entender que tu mejor año para llegar a acuerdos es éste. Todo el tiempo que pase de ahora en adelante será en tu contra. No puedes estar enemistado con todo el mundo a la vez, con los países, con las empresas, con el Fondo Monetario, con los acreedores privados. Mira lo que sucedió en el Fondo; tal como te anticipé ayer (por el miércoles), hubo demasiadas abstenciones y tres países del G-7 no quisieron aprobarte el acuerdo. No nos dejes sin argumentos a los que queremos seguir ayudando a tu país. Es la última vez que ayudamos, cumplan algún acuerdo».
Kirchner iba al encuentro preparado para oír un planteo respecto de otro tema importante, que es el de la relación entre las empresas y el Estado en España. En La Moncloa se prepararon para decirle anoche que «la relación entre las empresas y el gobierno no es directa, lineal. Las empresas no le obedecen al gobierno en España. Ellas tienen una lógica de mercado, su finalidad es ganar dinero, y eso no está mal si lo hacen correctamente. Además, debes comprender que detrás de las compañías no hay necesariamente españoles, sino fondos de inversión internacionales. Frente a esos fondos, los directivos deben justificar sus inversiones. La apuesta por la Argentina es estratégica y la hemos mantenido en los peores momentos. Pero debes entender que hay un momento en que los gerentes deben justificar ante los accionistas por qué se quedan en tal o cuál lugar si allí los maltratan».
Aznar estaba ayer al tanto de que varios empresarios escucharon al Presidente y al ministro Julio De Vido decir que «si no entienden nuestras condiciones, revisaremos los contratos de concesión» (ver nota aparte). Kirchner iba preparado anoche también para escuchar de su anfitrión una inquietud trasmitida por varios empresarios, entre los cuales hay algunos de los que según el propio Presidente «nos entienden»: «Me dicen que hay temas que se discuten durante meses y que luego no se dan soluciones, no se cumple lo pactado...».
Curioso, el reclamo suena parecido al que formuló el titular de RepsolYPF, Alfonso Cortina, cuando el miércoles dijo: «A veces, tratar con el gobierno parece ir a los toros. Uno habla aquí, allá, más allá y recorre toda la arena como el torero. Pero en ningún lugar está la solución, que se demora más y más. Queremos saber si éste es el método y si, finalmente, concederán lo que prometen».
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