No fue una semana fácil. Tal vez la mejor evidencia sea lo sucedido el viernes, cuando a pesar de que las acciones arrancaron con una suba de 0,81%, en el caso de las blue chips y 1,96% para los papeles del mercado electrónico (responsable, Intel), terminaron con mermas de 0,79% y 0,69% respectivamente, sin que mediara ninguna noticia negativa. Los números no lo reflejan acabadamente, pero estamos hablando de un mercado que arrancó en lo mejor del día para terminar en lo más bajo y si bien la caída no fue demasiado precipitada, no encontró ningún punto de inflexión en todo su recorrido. Otra manera de ver la profundidad de la caída la mostró el S&P 500 con 431 mermas frente a sólo 66 subas. Es así que si bien en la semana el Promedio Industrial ganó 0,29%, al marcar como último valor 9.348,87 puntos y el NASDAQ trepó un mucho más interesante 3,72%, quedando en ambos casos en el cierre semanal más alto en lo que va del año, realmente resulta difícil elaborar predicciones. Si bien hay una especie de consenso que los números macroeconómicos que se conocerán en los próximos días (y son muchos, confianza de consumidores, ventas de casas, PBI, etc.) mostrarían que la economía continúa o acelera su incipiente recuperación, no hay que olvidar que los precios de las acciones están «altos». Incluso por encima de donde lo justificarían los hechos económicos y empresariales que hemos conocido hasta hoy. Por si esto no alcanzara para optar por el camino de la prudencia, el movimiento de cartera que hemos visto en el sector de renta fija, muestra que las tasas de corto plazo (hasta 5 años) cerraron la semana en el punto más alto desde fines de julio de 2002, reflejando la desconfianza que hay en el corto plazo. Por algo será.
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