Baja de tasas no cambiaría el mal humor
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P.: No parece que una baja de tasas pueda contener tanto pesimismo en acción.
G.G.: Sobre todo porque la reducción de medio punto ya está incorporada en el horizonte. Y porque hoy por hoy lo más probable es que la Fed decida retirarse a un costado y cruzarse de brazos luego de intervenir el próximo 20 de marzo.
P.: Si la hemorragia no se detiene, la Fed no podrá quitarse el «overall».
G.G.: El gran problema del momento es que la economía norteamericana está relativamente bien. Se recuperó, se estabilizó, luego del resbalón del cuarto trimestre. Pero el NASDAQ no tuvo tanta suerte. Para las compañías tecnológicas, nos lo dicen sus propios ejecutivos, los negocios hoy marchan mucho peor que hace tres meses. Y son las palabras de Andy Grove de Intel, no las mías, esto no se arregla en los próximos seis meses. No sería tan grave si la economía se moviera en tándem con el NASDAQ. Pero no es así. Y entonces el NASDAQ corre el riesgo de perder su cobertura implícita, su «hedge» tácito.
P.: ¿Cómo es eso?
P.: Recuerdo que en las crisis financieras de 1997 y 1998 usted remarcaba que la Fed era un rehén de la Bolsa.
G.G.: Si la Bolsa es un sinónimo de la economía entonces, ¿cómo separar las decisiones de política monetaria de manera de atender los males de la economía sin alentar la sensación de impunidad en los inversores?
P.: La misma expedición que parte en rescate de la economía, rescatará a los inversores.
G.G.: Esa es la experiencia. Esa es la escuela de los últimos 20 años. Recuerde el crac de octubre del '87. O si no octubre del '98 luego de la debacle rusa y el reflotamiento del Long Term Capital. Y las bajas de tasas que la Fed ha comenzado a gatillar con prisa en enero, en principio, también esbozan un perfil similar. Pero los resultados han sido distintos: la economía se recompuso, se puso a salvo, mientras el NASDAQ cada vez traga más agua. Esa separación es dramática porque la expedición en rigor ya han cumplido su cometido.
P.: El NASDAQ se podrá hundir sin arrastrar a la economía a una recesión.
G.G.: El NASDAQ ha caído más de 60% desde que alcanzara sus máximos exactamente un año atrás. Se han evaporado con rapidez más de 3.100 puntos en relación con la cima de 5.048 puntos del 10 de marzo de 2000. Dicho sea de paso, es una caída que no volverá a repetirse.
P.: Cotizando en 1.950 puntos no hay manera ya de que pierda de nuevo 3.000 puntos.
G.G.: El problema acuciante es el de perder relevancia. Cuanto menos daño pueda causar el NASDAQ menos importante son sus penurias a la hora de tomar decisiones.
P.: Este tópico es bien conocido entre los mercados emergentes.
G.G.: No hay dudas. El NASDAQ hoy gravita por la capacidad de tracción sobre el índice Standard and Poor's 500.
P.: De hecho el SP500 ya se internó en lo que uno definiría como territorio de un mercado bajista, «bear».
G.G.: Correcto. Usamos la palabra «bear» un año atrás, pero recién ahora la etiqueta se ajusta a la filiación oficial, a los requerimientos usuales de registrar una merma de 20% desde los máximos. O sea no es que las cosas no se vean venir sino que tardan en llegar.
P.: Mantiene su impresión de que la Fed bajará una vez más las tasas en su próxima reunión.
G.G.: Sí. Eso pienso. Aunque el informe de empleo de febrero, conocido el viernes, debe haber sembrado la duda en la Fed de si no están come-tiendo el error de exagerar con los recortes de tasas. En la velocidad y en la magnitud. Ese informe es el elemento más contundente para aconsejar una transición, una etapa de moderación. No se olvide que aún no hemos sentido en plenitud el impacto de las bajas, que eso lleva tiempo antes de diseminar sus efectos benignos, y además que el presidente Bush, tarde o temprano, aportará una reducción de impuestos.
P.: Pese a todo lo que uno lee en materia de despidos y cierres de plantas, la economía se dio maña para crear 135 mil nuevos puestos de trabajo en febrero.
G.G.: Uno no llamaría a eso una recesión. De ninguna manera. En una recesión se destruyen 135 mil empleos por mes. O 200 mil. No hemos llegado allí de ninguna manera.
P.: ¿Quizás el informe esté contaminado por alguna aberración estadística? Algún efecto significativo por única vez?
G.G.: No es el caso. La industria pierde 94 mil empleos. En enero destruyó 95 mil. En un todo en línea con lo que usted lee en los diarios. Pero así como hay una recesión industrial (hace tiempo) los servicios prosiguen en expansión. El ritmo con el que crean trabajo no ha variado con respecto a la velocidad que traían del año pasado. Fuera de la industria, la economía agregó casi 230 mil empleos. Y los salarios promedio treparon 0,5%. El mercado de trabajo no está mal. Desde ya que no precisa que la Fed envíe urgente una ambulancia.




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