La banca offshore no cambiaría la fachada de nuestro sistema bancario; sólo cambiaría la jurisdicción de los depósitos y con ello la posibilidad del Estado argentino de financiarse con sus encajes. La oferta monetaria sería igual al circulante en dólares más los depósitos offshore en cuenta corriente. Es arduo imaginar un quiebre de la cadena de pagos en un régimen offshore.
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Primera crítica: «El Congreso fijará un gravamen especial sobre los depósitos offshore de los argentinos». Respuesta: la crítica no tiene asidero, es producto de pensar el nuevo sistema con la mentalidad del viejo. En el nuevo régimen todos tendrán sus depósitos offshore, incluidos porteros y taxistas. Estos depósitos serán la norma y, por consiguiente, difícilmente podría vérselos como una manifestación de riqueza excepcional.
Segunda crítica: «La banca offshore es la legalización de la fuga de capitales», dice la diputada Carrió, y «el ahorro de los argentinos debe ser preservado para los argentinos», dicen algunos empresarios. Respuesta: o no saben lo que dicen o son profundamente reaccionarios. El principal argumento a favor de la banca offshore y en contra de la banca tradicional es ético. La banca offshore libera los ahorros de las clases media y baja del riesgo de un Estado arbitrario. En cambio, la banca tradicional mantiene los ahorros de los menos pudientes cautivos de la jurisdicción argentina, listos para nuevas licuaciones cada vez que el Estado o las empresas argentinas caigan en default. Ya vivimos esta traumática experiencia varias veces desde 1980; el «corralito» cruzó el límite de lo tolerable y la sociedad argentina ha caído en un estado de cuasi guerra civil. La banca offshore es también un factor de paz social.
Tercera crítica: «La banca offshore elimina el crédito para el país.» Respuesta
1. El crédito bancario es sólo uno de los componentes de la oferta de crédito al país. También están el crédito comercial, la emisión de acciones y de obligaciones negociables, los fondos comunes de inversión y la reinversión de utilidades. En Europa el crédito bancario es importante, pero en los EE.UU. no lo es tanto y el mercado de capitales tiene una gravitación especial. Respuesta 2. La banca tradicional tampoco suministrará mucho crédito en los próximos años, pues no atraerá gran cantidad de depositantes por falta de confianza. Respuesta 3. En un régimen offshore, el Banco Galicia, por caso, prestaría a la Argentina a lo sumo 3% de sus depósitos. Una proporción lógica en vista de la potencial gravitación de la economía argentina en la economía mundial. De igual modo, los restantes bancos, nacionales o extranjeros, prestarían a la Argentina a lo sumo 3% de sus respectivos depósitos. La oferta de crédito al país surgiría de la suma de los préstamos de cada uno de los bancos offshore. Respuesta 4. En una pequeña economía abierta como la nuestra, la tasa de interés es independiente de la organización bancaria. La tasa de interés es siempre la misma, sea con banca tradicional, con banca Simons, con banca estatal o con banca offshore. En todos los casos, el costo del crédito es igual a la tasa de interés internacional, más el spread técnico, más la prima de riesgo argentino. De igual manera que el precio de un auto Ford puesto en la Argentina es igual a su precio de salida de los EE.UU., más el costo del flete y el seguro, más el arancel de importación. Este y ningún otro será el precio interno del Ford. Es irrelevante que la industria automotriz local sea competitiva, monopólica o estatal, moderna y eficiente o vieja e ineficiente. Respuesta 5. Pero una banca invulnerable a la corrida debería bajar el riesgo argentino. Luego, con una banca offshore la tasa de interés debería ser menor y la oferta de crédito debería ser más abundante que con una banca tradicional.
Cuarta crítica: «La banca offshore no es realmente un cambio, ya que está disponible desde hace mucho.» Respuesta: No es cierto. Para acceder a la banca offshore hace falta información, recursos y una sofisticación de la que carecen porteros y taxistas. Se trata de cambiar la orientación y el armado del negocio bancario, a fin de abaratar el trámite y de hacerlo inteligible y transparente para todos. Incluso más; creo que sólo debería ser legal la captación de depósitos por cuenta y orden de las sucursales y casas matrices en el exterior. Porque en caso contrario no faltarán los desprevenidos que depositen sus ahorros en bancos bajo jurisdicción argentina, y que cuando llegue otro pánico y su consecuente «corralito», promuevan cacerolazos y otro estado de cuasi guerra civil. La supervivencia de la banca tradicional, aunque acotada por la competencia de la offshore, generará una externalidad negativa para la estabilidad monetaria y la paz social.
Quinta crítica: «Como la convertibilidad, la banca offshore es reversible; por tanto, no es una solución permanente». Respuesta: ¿cómo se hace para obligar a la gente a convertir sus viejos depósitos offshore en nuevos depósitos onshore? Semejante pretensión es más ingenua que mi propuesta. El temor de los partidarios de la banca tradicional es que saben que la banca offshore es verdaderamente irreversible.
Sexta crítica: «La banca offshore no resolverá el problema del riesgo argentino». Respuesta: desde luego, no estoy proponiendo una lámpara de Aladino. La banca offshore no eliminará el riesgo argentino por sí misma, ya que dará crédito a empresas y particulares que invierten y consumen en el país, que están sujetos a la volatilidad del país y que no están sujetos a tribunales internacionales. El riesgo argentino desaparecerá cuando la dolarización y la banca offshore sean acompañadas por otras grandes reformas y cuando el mundo llegue a la conclusión de que la estabilidad del país es perdurable.
Por último, ¿se han preguntado los banqueros que miran la propuesta con aprensión, cuánto valdrían sus bancos en un régimen offshore? La banca offshore coexistiría con una banca de inversión, de forma que el nuevo negocio consistiría en tomar ahorros locales y transferirlos a sucursales o casas matrices del exterior y en otorgar préstamos con fondos externos a riesgo offshore, en tomar ahorros locales a cambio de obligaciones de renta variable y financiar nuevos proyectos de inversión y participaciones en empresas, y en captar fondos en el exterior y fraccionarlos en préstamos hipotecarios y prendarios a riesgo propio. Como se verá, el negocio es variado e interesante, sobre todo cuando se piensa que funcionaría en un clima de riesgo argentino estructuralmente menor, dado que el riesgo de devaluación sería nulo, dolarización mediante, y el riesgo de otro pánico bancario sería también nulo. Es probable que esta nueva organización monetaria y bancaria tarde mucho menos que cualquier otra en ganarse la confianza del público, y que los dólares del colchón terminen por llover sobre los bancos offshore y los de inversión.
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