Para el BCRA, en líneas generales, el actual proceso inflacionario está vinculado con la recomposición de márgenes de ciertos sectores, la reapertura de las paritarias y el impacto de presiones cambiarias, a lo que se suma ahora el shock externo. Confía en que el acuerdo con el FMI contribuirá a reducir las expectativas de inflación, al descartar una fuerte devaluación, por lo que hacia ese norte se combinarán las políticas monetaria, fiscal y de precios. Así lo deja entrever en su último Informe de Política Monetaria (IPOM) en el cual ahonda el análisis sobre la reciente evolución de la estructura de precios relativos y de lo que espera de ella. Al respecto reconoce que las medidas tomadas por el Gobierno en la pandemia acentuaron el deterioro de los precios relativos de los servicios en relación con los bienes, tendencia que se estabilizó durante el segundo semestre 2021 debido a la recuperación en los servicios privados, que habían sido más afectados durante el período de mayores restricciones a la circulación. En cuanto a la evolución de los precios domésticos de los alimentos señala que fue diferenciada, con una marcada recuperación de los precios relativos de los frescos y una caída de los procesados. “En los últimos dos años también se observaron incrementos muy significativos en los precios relativos promedio de ciertos bienes que no fueron alcanzados por programas y sobre los cuales existieron restricciones de oferta en especial, en automóviles e indumentaria”, advierte.
BCRA: la guerra podría frenar la recomposición de los precios relativos
La pandemia implicó un quiebre en muchas de las tendencias observadas hasta fines de 2019, acentuando o atenuando las divergencias entre los distintos precios del IPC. El Central estudió el estado de situación actual.
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Con relación a lo que viene, el BCRA comandado por Miguel Pesce espera que en el mediano plazo, las actualizaciones en las tarifas de los servicios públicos y la recomposición de los márgenes de los sectores prestadores de servicios privados conduzcan a que las divergencias observadas durante los últimos años se atenúen y a que los servicios recuperen parte del peso relativo perdido. Pero considera que “la suba de los precios de las materias primas, impulsada por la guerra en Ucrania, podría ejercer presión adicional sobre los precios de algunos bienes, ralentizando la recomposición de los precios relativos de los servicios”. Además, agrega que, este contexto también podría afectar la normalización de la oferta de bienes puntuales (como automóviles), demorando la reversión de las extraordinarias subas experimentadas en los últimos años. En cuanto a la evolución del resto de los precios relativos de la economía dependerá de un conjunto de variables domésticas e internacionales que resultan determinantes, entre los que se destacan el tipo de cambio real, la demanda interna y externa de cada producto, los precios internacionales, los cuellos de botella de oferta local y/o global, y los factores climáticos, entre otros.
¿Cómo fue la evolución de los precios relativos en los últimos dos años?
Antes de la pandemia, el precio relativo de los bienes respecto a los servicios se había recuperado como resultado de las devaluaciones de 2018 y 2019, que habían impactado en gran medida sobre el precio de los bienes debido a su mayor componente transable. De esa forma revirtieron una tendencia a la baja que había alcanzado su punto mínimo en marzo de 2018. Ese deterioro previo se explicó en gran medida por las significativas actualizaciones en las tarifas de los servicios públicos en aquel período.El comienzo de la pandemia configuró un escenario que profundizó la tendencia al incremento de los precios relativos de los bienes. Por un lado, la baja en la movilidad limitó la demanda y en algunos casos imposibilitó el funcionamiento de muchos servicios privados considerados “no esenciales”, los cuales mantuvieron variaciones acotadas en sus precios. Por otra parte, las restricciones en la oferta de bienes a nivel global presionaron sus precios internacionales al alza, traccionando una mejora de sus precios relativos domésticos incluso en un período de apreciación real de la moneda doméstica.En 2021 la recuperación en la demanda de los servicios que habían sido los más afectados en 2020 contribuyó a que se interrumpiera el deterioro en el precio relativo de los servicios totales, particularmente impulsados por los incrementos de precios de la división Restaurantes y Hoteles. Por su parte, las tarifas de los servicios públicos mantuvieron subas nominales muy acotadas en 2020 y 2021 y profundizaron su deterioro frente a los demás precios del IPC. Esa evolución se dio en el marco de una política de contención tarifaria.En resumen, los precios relativos de los servicios totales han profundizado su deterioro en los últimos dos años y, si bien se estabilizaron en el segundo semestre de 2021, se encuentran muy por debajo de los niveles pre-pandemia. Por ejemplo, el caso de los combustibles. Mientras que por el lado de los alimentos, los frescos (sobre todo frutas y verduras, y carnes) terminaron 2021 en niveles muy superiores a los de pre-pandemia; en cambio los procesados mostraron una evolución opuesta, vinculada con los programas de precios del Gobierno, ya que cerraron el año pasado en un nivel muy inferior al verificado antes de la pandemia.
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