Cómo invertir en 2020

Economía

El mercado no se maneja con expectativas sino que -el dinero- es frío y calculador. Así, podemos inferir que la tendencia podría continuar -quizás tras una toma de ganancias visto que ayer subieron fuerte- dado que los papeles siguen desvalorizados y que hay pocas alternativas por el cepo y las tasas que bajan frente a una inflación todavía alta.

El 4 de noviembre twitié “Asia cerró mixta, Europa sube, Wall St. pinta bien, oro y treasuries bajan. Los rumores sobre el próximo Gobierno, no ideales, pero mejor de lo esperado. ¿Oportunidad de compra argentina?” Desde entonces el S&P Merval sube 19% ganando contra el dólar oficial -estable- y contra el blue que trepó 18% pero porque se disparó 16% tras conocerse el impuesto “solidario”, en tanto que los ADR subieron un 50%.

Al contrario de lo que dicen, el mercado no se maneja con expectativas sino que -el dinero- es frío y calculador. Así, podemos inferir que la tendencia podría continuar -quizás tras una toma de ganancias visto que ayer subieron fuerte- dado que los papeles siguen desvalorizados y que hay pocas alternativas por el cepo y las tasas que bajan frente a una inflación todavía alta

Además, la “ley de emergencia”, al final, significa una continuación -estabilización- del macrismo: suben los impuestos, pero se compensaría con una baja en la inflación y en el costo financiero -veremos si lo logran- y se privilegia el pago de la deuda, ergo, los bonos suben.

El Gobierno pretende levantar el consumo con el doble bono para jubilados, la tarjeta social, aumentos salariales por decreto, Precios Cuidados y el congelamiento por 180 días de tarifas de luz y gas. A las petroleras les bajó las retenciones del 12 al 8% y las eximió de pagar regalías sobre la facturación total a cambio de frenar la suba de entre el 6 y el 10% de los combustibles.

Este “plan consumo”, volcaría unos $80.000 M, 100.000 M según Alberto. Para bajar la inflación, en lugar de emitir, el mayor gasto estatal se compensaría recortando jubilaciones y otros ítems. Ahora, según analistas, la inversión caería 7% -18% cayó en 2019- por falta de crédito a largo plazo y el cepo, aun cuando la construcción -50% de la inversión total- se beneficiará por la caída de 50% en los costos en dólares, en doce meses, y las menores tasas de interés y planes como ProCreAr.

Y caería la inversión externa por el cepo y la incertidumbre sobre la repatriación de dividendos. El cepo, supuestamente, cuidaría que no salgan reservas pero desalienta la entrada. Y lo más irónico es que el método para cuidar reservas es liberar al dólar para que suba, equilibrando demanda y oferta, lo que, supuestamente, dispararía inflación. En todo caso, dispararía el IPC que ahora quizás termine más alto porque -aunque no se grave el dólar importador- el 47% de los formadores de precios considerarán el blue que escala 97% en 2019 cuando el oficial “solo” 63%. Por cierto, la evolución del dólar dependerá de la inflación -la devaluación del peso por sobreoferta en tiempo real- a la que representa mejor porque reacciona con más rapidez y claridad que los demás precios.

Caerían 1% las exportaciones -las agrícolas, 6%- dada la mayor presión tributaria, a un promedio de 13%, y el dólar oficial abaratado. Las importaciones seguirían bajando -4% en 2020- dejando un saldo favorable de u$s17.000 M, 2.000 más que en 2019.

En 2020 vence deuda estatal por u$s63.000 M, impagable salvo que se reperfile con éxito -voluntario para el mercado- y, si bajan el gasto, podría desacelerarse la emisión monetaria, la inflación.

Las tasas caen y el BCRA dice seguirán cayendo desde el actual 58% hasta 35% para fines de 2020. Y, al contrario de lo que dicen, esto es antinflacionario porque absorbe menos demanda de dinero.

A nivel global, mejoraría el crecimiento por el acuerdo “fase 1” entre EE.UU. y China, el brexit asegurado -y una bajada de impuestos- pero, sobre todo, por el reconocimiento de los bancos centrales de que las políticas ultra expansivas han causado daño. La Fed, se frena tras rebajar en 75 puntos básicos las tasas. Durante los 16 ciclos de reducción de tasas desde la II Guerra Mundial, el S&P 500 subió una media de 18,6% en los 18 meses posteriores.

Las ventas de fin de año de bonos globales redujeron el volumen de deuda con rentabilidad negativa en u$s6 B, de un pico de u$s17 B a unos 11 B, fondos que se vuelcan a las bolsas porque el rendimiento de dividendos en el S&P 500 está sobre la rentabilidad del bono a 10 años de EE.UU. en 1,89%, mientras los rendimientos en Japón y eurozona también experimentaron fuerte suba.

A pesar del impeachment -que exoneraría a Trump- y del inicio de la campaña electoral el 3 de febrero, Wall St. se mantiene en máximos. El 2019 será uno de los mejores de las últimas décadas, y el S&P 500 se acerca a ganancias anuales del 30%.

Wall St. “se encuentra en suba libre absoluta, la situación técnica más alcista que existe”, aseguran en Ecotrader. Las acciones no estarían sobre compradas y “seguirán subiendo”, según Quattro Securities. Al S&P 500 en los próximos 12 meses le espera una rentabilidad de al menos 6,5%, dice FactSet. En los seis años de reelección republicana el mercado tuvo una rentabilidad media de 6,6%.

Los favoritos según el 90% de los expertos, son Amazon -sube 20% en 2019 y le quedaría otro 20%-, Salesforce.com, Microsoft, la alemana Evotec, la francesa Axa, la petrolera Rubis y las españolas Logista, Almirall y Sacyr.

(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario