A la hora de enfrentar un rebrote inflacionario, la experiencia internacional deja en claro que no hay medias tintas. En Brasil lo entendieron bien, utilizaron las medidas que usaría cualquier gobierno frente al mismo problema: subir la tasa de interés bajo un esquema de tipo de cambio flotante y no preocuparse si el dólar baja.
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A mediados del año pasado, las expectativas inflacionarias en Brasil comenzaron a crecer apuntando a superar la meta establecida por el Banco Central, de 5,1%. Desde octubre pasado, la autoridad monetaria brasileña, comandada por Henrique Meirelles, empezó a tomar recaudos. Así, en seis meses el Banco Central elevó la tasa de referencia para la economía brasileña, Selic, en 300 puntos básicos -3 puntos porcentuales- desde 16,25% anual a 19,25%, a mediados de marzo pasado.
De esta forma, mediante el uso del herramental básico, el Central brasileño logró reencauzar las expectativas inflacionarias del mercado desde 6,1% anual a mediados de enero pasado. En cambio en la Argentina, ni por el lado fiscal ni por el monetario se observan drásticas medidas. Frente a una inflación que parece desbocarse ya apuntando a dos dígitos anuales, apenas el Central elevó la tasa de los pases un cuarto de punto de 2,75% a 3,25% y muy lejos de los niveles existentes en Brasil.
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