BRUFAU, ayer en el país: “AJUSTARSE LOS CINTURONES”

Economía

«Este hombre es más pesimista que yo», fue el único comentario que se le escuchó ayer al presidente de Repsol, Antoni Brufau, cuando terminó de escuchar un diagnóstico de la economía criolla que le propinó Miguel Ángel Broda. El jefe máximo de la petrolera pasó unas horas en Buenos Aires para discutir con directivos locales de YPF los detalles del ajuste que había anunciado en Madrid, en lo formal un retoque a la baja de los sueldos más altos. A mediodía apareció en el almuerzo de la Academia Argentina de Gastronomía, una organización de gourmets que asesora en la confección de la guía turística anual en materia de restoranes, bares y confiterías. No consta que se viera anoche con el matrimonio Kirchner o con algún ministro.

Aclaró que su presencia en el país era por 24 horas para imponerlos a los gerentes locales de la empresa del ajuste de la firma, motivado en la crisis global y en la caída del precio de los hidrocarburos. Se le abalanzaron todos los invitados -cerca de cuarenta- para pedirle detalles, pero limitó el discurso a algunas sentencias elípticas como «lo lamento, pero esta vez eso de ajustarse el cinturón no va a ser sólo una forma de decir». («Entonces no van a dar de comer», se inquietó un voluminoso empresario que escuchaba, ya con hambre). El español insistió, como lo hizo su empresa, en un comunicado que se conoció ayer en Buenos Aires (ver pág. 10) en que no habrá reducción de las inversiones en el país, pero que los recortes a gastos de gestión y en salarios altos sufrirán el mismo ajuste que en el resto del mundo.

Venía, cuando dijo esto, de escuchar el agrio diagnóstico de Broda sobre las posibilidades de que, sin cambios importantes en la política económica, la Argentina pueda evitar los efectos de la crisis financiera internacional.

Lo que parecía una reunión social para escucharlo al acompañante de Brufau, el presidente de la Real Academia de Gastronomía de España Rafael Ansón, cobró color político cuando apareció con Enrique Eskenazi, socio local de Repsol, quien compartió el rico almuerzo que se sirvió en el salón del palacio Duhau, que explota la cadena Four Seasons, con un grupo de abanderados de la oposición como el duhaldista Eduardo Amadeo, el radical Francisco Mezzadri, el ex cavallista Daniel Marx, el lopezmurphista Felipe de la Balze, el ucedeísta Jorge Pereyra de Olazábal, el macrista Ignacio Gutiérrez Zaldívar, el empresario Enrique Duhau o la propia María Podestá, una empresaria que preside la Academia Argentina. No bastó para cortar el aire crítico al oficialismo la presencia del economista cepaliano Bernardo Kosakoff. Sirvió, como lo de Eskenazi, para que Broda no hablase desde el estrado.

Mirado por todos por si ampliaba sus expresiones sobre qué hará su empresa en la Argentina, Brufau sólo agregó que la empresa renovaba el acuerdo con la academia gastronómica para la nueva edición de la guía, un buen negocio de promoción que tiene YPF y cuya continuidad, en cierto público, es una señal de que la empresa tiene confianza en sus negocios locales.

No se cansó Brufau, como algunos, al escuchar el verboso discurso de Ansón, uno de los lobbistas más notables de España, sobre la conveniencia de sacar a la gastronomía de los restoranes y usarla como artículo de promoción de un país. Ilustró esto con el modelo francés; Ansón ha descubierto que la globalización de la cocina francesa sirvió para que se conociesen los productos que se usan en los platos, por ejemplo los quesos, que subieron las exportaciones y arrastraron a mejores negocios a los quesos de España e Italia.

Quienes escuchaban, todos tiburones de los negocios, atendieron con paciencia estos dichos mientras devoraban el finísimo menú (entrada de langostinos, silla de cordero de principal, frutas fileteadas con helado de lemoncello, todo llovido por tintos y champañas de la marca Catalpa, del franco-mendocino Jean-Edouard de Rochebouët).

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