En la arquitectura de Buenos Aires luce la fascinación por París de los porteños, que a fines del siglo XIX y principios del XX, decididos a construir la capital de un país económicamente próspero, recrearon el academicismo francés.
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Los palacios de esa época en el estilo clásico de Francia tienen volúmenes claramente estructurados por ejes y simetrías, elegantes decoraciones y remates de manzardas. Los interiores suelen tener revestimientos en madera y los exteriores un revoque que imita la piedra París, y cuyo uso se fue extendiendo desde entonces a otros estilos arquitectónicos, llegando a brindarle a toda Buenos Aires un color inconfundible que asombra a los extranjeros. Los tonos entre grises y ocres que se distinguen en las fachadas de palacios como el del Correo o el Errázuriz, en casas encumbradas de la avenida Alvear y modestas del suburbio, es patrimonio exclusivo de Buenos Aires, donde artesanos italianos desarrollaron una habilidad especial para imitar la piedra en medio de la llanura. Los porteños querían que su Ciudad luciera como París, hecha de pura piedra.
El Palacio Errázuriz donde funciona el Museo de Arte Decorativo fue construido para el rico diplomático chileno por el francés René Sergent en el año 1911, en la esquina de la avenida Del Libertador y Pereyra Lucena.
Es un ejemplo que pinta a la perfección el espíritu de los tiempos: su fachada se inspira en el Petit Trianon de Versailles.
Otras obras
El mismo arquitecto diseñó la casa de Ernesto Bosch que se convirtió en la residencia de la Embajada de EE.UU., la casa de Jorge Atucha, en Arroyo 1099, además de los palacios Ferreyra en Córdoba y Sans Souci en Victoria, que fue un día la quinta de Alvear. El Palacio Paz que hoy ocupa el Círculo Militar fue construido en 1912, cuando José C. Paz, fundador del diario «La Prensa», le encargó los planos a Louis Sortais. La residencia, inspirada en el canon de la Ecole de Beaux Arts, recuerda en su interior el esplendor del castillo de Chantilly, mientras que su exterior emula el frente que descansa sobre el Sena del Palacio del Louvre.
Entre los exponentes del academicismo francés del siglo XIX figura el Palacio del Correo, cuya obra se le encargó al ingeniero francés Norbert Maillart, en 1888, el mismo año en que se inauguró el edificio de Correos en Nueva York. Entre otras construcciones de Maillart está el Palacio de Justicia que se asemeja al de París, cuyos planos fueron realizados en la primera década del siglo XX. En la actualidad, Francia le ha sacado provecho a su arquitectura, un recurso no renovable. Existen rigurosos sistemas de control y también leyes que rigen con claridad los derechos y los deberes de los propietarios privados.
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