15 de septiembre 2005 - 00:00

Buscan hoy reunión clave en Nueva York por Aguas Argentinas

George W. Bush siguió ayer de cerca el discurso de Néstor Kirchner en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas. El argentino condenó el terrorismo, pero pidió que se lo combata respetando «los derechos humanos».
George W. Bush siguió ayer de cerca el discurso de Néstor Kirchner en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas. El argentino condenó el terrorismo, pero pidió que se lo combata respetando «los derechos humanos».
Nueva York - Néstor Kirchner aprovechará la presencia aquí de más de 170 mandatarios del mundo para sacar el cuello entre la multitud y encontrarle una justificación al viaje que termina mañana en materia de gestión. Hasta anoche, el Presidente tenía confirmadas cuatro reuniones con presidentes y trataban -sin demasiada pasión en las dos partes- de ajustarle un horario para encontrarse con el primer ministro Dominique Villepin, que viene de un país con el cual siempre hay ruido, Francia -esta vez por la retirada del grupo Suez de la empresa de aguas de la zona Metropolitana, Santa Fe y Córdoba-. En distintos horarios y lugares que se arreglan a cada instante por las dificultades de ajustar la coreografía de 170 presidentes y jefes de Gobierno, sus asesores y acompañantes, Kirchner tiene previsto sentarse a hablar con José Luis Rodríguez Zapatero. También con Vladimir Putin y Hugo Chávez y mañana con Eduardo Rodríguez (Bolivia), según el orden de importancia por los intereses que juega el país con esas contrapartes.

• Vista previa

Veamos una previa de esos encuentros:

• Zapatero viene por lo menos con tres cuestiones. Una se mencionó y es el rol de doble silla que tiene España en el FMI. Aunque Kirchner ha repetido acá que preferiría vivir fuera del cepo del organismo, reconoce que el país necesita de la calificación que extiende. Eso se logra con un acuerdo, y si no hay, no quebrando los existentes. Por esto último, Kirchner paga lo que no le pagó a nadie; sobre lo primero, sigue postergando, a un alto costo, un acuerdo formal.

• La segunda cuestión es Aguas Argentinas. El gobierno sigue insistiendo en que la decisión del grupo Suez de retirarse es previa a cualquier conversación, que no ha sido por las tarifas, sino porque quisieron pasarle al Estado el crédito del BID que a su vez le había pasado Obras Sanitarias antes de la privatización. También rechazaron la tasa de devolución de la inversión de 5/6% que le ofrecía la Argentina a lo largo de todo el contrato. Una justificación ambigua, ya que todo eso termina traduciéndose en la tarifa, que es donde una empresa se resarce de la inversión. La decisión de Aguas de Barcelona de seguir los caminos de Suez fue, valga la metáfora, un balde de agua fría para el gobierno, que pensó que por la relación especial de país a país no iba a ocurrir. Pero Aguas de Barcelona está controlada por el grupo Caixa, que es a su vez socio de Suez en minoría. Eso la obliga a seguir la estrategia de los franceses, que es retirarse de todos los negocios en el Cono Sur, salvo en Chile. Lo dijo con todas las palabras el presidente de la Caixa: «Lo que hagan los franceses lo hacemos nosotros», y esa frase le llegó al gobierno al hueso.

• Esta entrevista con Zapatero y no el divertido almuerzo de ayer en el Americas Council es la verdadera razón por la cual Kirchner le pidió que Julio De Vido se subiera al viaje. Lo que el Presidente les va a pedir a los españoles es que, en el margen que tiene un gobierno para sugerirle a una empresa privada (mucho menor al que cree Kirchner), le pidan a Aguas de Barcelona que no se les pliegue a los franceses en ningún portazo. Que si se van también, que sigan el instructivo de Buenos Aires, que es traer un comprador de las acciones y no amenazar con juicios o con tirar la llave e irse. El mismo propósito tiene la instrucción que, mañana viernes, el embajador argentino en Madrid, Carlos Bettini, se constituya en Barcelona para asistir al sarao que organiza la Caixa por la inauguración de una nueva torre para Aguas de Barcelona. En el corte de cintas estará el rey Juan Carlos (que partía anoche de Nueva York para estar a tiempo) y Bettini, de trato amistoso con el borbón, tiene la misión de no despegársele un instante y sacarle algún compromiso al monarca de ayuda a Buenos Aires.

• Para lograr esto el gobierno le dio gran cartel al tercer tema de la cita con Zapatero, que es la firma de la demorada Alianza Estratégica. Este lema traduce una iniciativa que lanzó ya
José María Aznar para crear una relación privilegiada de España con los países latinoamericanos que tienen una comunidad hispánica grande (o sea votos de ultramar en las legislativas) e inversiones de importancia. Ya lo firmó Aznar con Brasil y se lo promete ahora Zapatero a Kirchner, que como siempre pone condiciones que demoran la decisión. En el gobierno hay funcionarios muy críticos de los tratados de protección recíproca de inversiones que firmó la Argentina en los años '90 con muchos países que contienen, por caso, las cláusulas de arbitraje o de beneficios a la nación más favorecida que, a la luz de la política antiglobal del kirchnerismo, parecen inadmisibles. Como ocurre en tantos terrenos, esas críticas no han podido ser traducidas en actos de gobierno, pero en el tratado de Alianza Estratégica, Kirchner ve la oportunidad de revisar el acuerdo que rige con España y dar una señal de cómo deberían ser, con éste o un futuro gobierno, los nuevos tratados. En el caso de la Argentina, el único intento que prosperó fue una modificación del convenio con Panamá, que era usado como puente de triangulación de muchas inversiones que se amparaban en concesiones hechas a ese gobierno, pero que venían de terceros países.

• Cuando Zapatero visitó en enero la Argentina, prometió esa Alianza Estratégica que a Kirchner le pareció la panacea porque terminaba con el capítulo odioso de las malas relaciones con España. El nuevo tratado crea mecanismos de consulta en materia económica y política, llegando hasta la posibilidad de compartir responsabilidades en organismos internacionales. Pero la lentitud de gestión que tiene el gobierno no hizo avanzar mucho el texto del acuerdo. Esta inquietud de Madrid se cruzó con otra, que lo afecta a Zapatero como premier: lograr que la cumbre de mandatarios iberoamericanos de Salamanca, el mes que viene, lo muestre ante el rey Juan Carlos como un presidente de primera que puede hacer que asistan todos los jefes de Estado del continente. Esa cumbre es la luz de los ojos de Moncloa, y nada podría compensar la ausencia de un país importante como la Argentina. ¿Ir a España dos semanas antes de las elecciones? ¡Jamás!, clamó Kirchner cuando se lo dijeron. Para convencerlo viajó a Buenos Aires la vicepresidenta,
María Teresa Fernández de la Vega, que llevaba un borrador avanzado del acuerdo con más cláusulas a favor de la Argentina. La principal, que adelantó este diario, la posibilidad de que España y la Argentina emprendan proyectos conjuntos de país a país para hacer negocios en el resto de América latina.

• Con ese anzuelo, Fernández de la Vega presionó a Kirchner para que esté el mes que viene en Madrid. Desde ese día, los escribas de las dos cancillerías han apurado un texto final que hoy podrían entrecruzarse los dos presidentes cuando se vean en el Four Seasons Hotel. Pero Kirchner tiene una respuesta a la prisa hispana para sacarse de encima el compromiso, o por lo menos, tener a los españoles en ascuas hasta último momento. Dice más o menos así: ¿no ofenderá a los hermanos latinoamericanos que en medio de una cumbre de todos un país se corte solo y firme un tratado con el dueño de casa? Zapatero le responderá que entonces pueden firmar un preacuerdo, pero que por Dios sea en Salamanca.

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