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George W. Bush siguió ayer de cerca el discurso de Néstor Kirchner en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas. El argentino condenó el terrorismo, pero pidió que se lo combata respetando «los derechos humanos».
• Para lograr esto el gobierno le dio gran cartel al tercer tema de la cita con Zapatero, que es la firma de la demorada Alianza Estratégica. Este lema traduce una iniciativa que lanzó ya José María Aznar para crear una relación privilegiada de España con los países latinoamericanos que tienen una comunidad hispánica grande (o sea votos de ultramar en las legislativas) e inversiones de importancia. Ya lo firmó Aznar con Brasil y se lo promete ahora Zapatero a Kirchner, que como siempre pone condiciones que demoran la decisión. En el gobierno hay funcionarios muy críticos de los tratados de protección recíproca de inversiones que firmó la Argentina en los años '90 con muchos países que contienen, por caso, las cláusulas de arbitraje o de beneficios a la nación más favorecida que, a la luz de la política antiglobal del kirchnerismo, parecen inadmisibles. Como ocurre en tantos terrenos, esas críticas no han podido ser traducidas en actos de gobierno, pero en el tratado de Alianza Estratégica, Kirchner ve la oportunidad de revisar el acuerdo que rige con España y dar una señal de cómo deberían ser, con éste o un futuro gobierno, los nuevos tratados. En el caso de la Argentina, el único intento que prosperó fue una modificación del convenio con Panamá, que era usado como puente de triangulación de muchas inversiones que se amparaban en concesiones hechas a ese gobierno, pero que venían de terceros países.
• Cuando Zapatero visitó en enero la Argentina, prometió esa Alianza Estratégica que a Kirchner le pareció la panacea porque terminaba con el capítulo odioso de las malas relaciones con España. El nuevo tratado crea mecanismos de consulta en materia económica y política, llegando hasta la posibilidad de compartir responsabilidades en organismos internacionales. Pero la lentitud de gestión que tiene el gobierno no hizo avanzar mucho el texto del acuerdo. Esta inquietud de Madrid se cruzó con otra, que lo afecta a Zapatero como premier: lograr que la cumbre de mandatarios iberoamericanos de Salamanca, el mes que viene, lo muestre ante el rey Juan Carlos como un presidente de primera que puede hacer que asistan todos los jefes de Estado del continente. Esa cumbre es la luz de los ojos de Moncloa, y nada podría compensar la ausencia de un país importante como la Argentina. ¿Ir a España dos semanas antes de las elecciones? ¡Jamás!, clamó Kirchner cuando se lo dijeron. Para convencerlo viajó a Buenos Aires la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, que llevaba un borrador avanzado del acuerdo con más cláusulas a favor de la Argentina. La principal, que adelantó este diario, la posibilidad de que España y la Argentina emprendan proyectos conjuntos de país a país para hacer negocios en el resto de América latina.
• Con ese anzuelo, Fernández de la Vega presionó a Kirchner para que esté el mes que viene en Madrid. Desde ese día, los escribas de las dos cancillerías han apurado un texto final que hoy podrían entrecruzarse los dos presidentes cuando se vean en el Four Seasons Hotel. Pero Kirchner tiene una respuesta a la prisa hispana para sacarse de encima el compromiso, o por lo menos, tener a los españoles en ascuas hasta último momento. Dice más o menos así: ¿no ofenderá a los hermanos latinoamericanos que en medio de una cumbre de todos un país se corte solo y firme un tratado con el dueño de casa? Zapatero le responderá que entonces pueden firmar un preacuerdo, pero que por Dios sea en Salamanca.




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