George W. Bush, el presidente de los Estados Unidos, se comunicó ayer a las 8.30 (hora de Buenos Aires) con Fernando de la Rúa para agradecerle la solidaridad de la Argentina con su país frente al ataque terrorista. En la conversación no se mencionaron detalles sobre la participación que Estados Unidos espera de sus "amigos y aliados" en las acciones que se lleven adelante para combatir el terrorismo y castigar aquellos atentados. En cambio, Bush se interesó por conocer la situación de la economía argentina y De la Rúa le informó que "no hemos salido de las dificultades pero vamos a llegar a buen puerto por el esfuerzo que realizamos". Fue entonces que el presidente norteamericano pronunció una frase clave: "Sepa que mi país mantiene el compromiso asumido con la Argentina a pesar de los acontecimientos que hemos sufrido". Esa declaración se articuló ayer con otras expresiones, más detalladas, del secretario del Tesoro, Paul O'Neill, sobre la situación argentina y la estrategia de recompra de deuda que él mismo recomendó cuando se selló el último acuerdo con el FMI. O'Neill sostuvo delante del Comité de Banca del Senado norteamericano que "la Argentina tal vez requiera de alguna ayuda adicional" y que "habría que pensar en que se aproveche la capacidad del FMI para tomar dinero a una tasa de 3% para ayudar a los países a salir de sus problemas y no darles dinero para que terminen pagando tasas de entre 18% y 20%".
A las 8.30 de ayer llegó el alivio, finalmente, a la residencia de Olivos. El dueño de casa, Fernando de la Rúa, recién se levantaba (había terminado una comida a la 1.30 la noche anterior) y el edecán aeronáutico, Juan José Macaya, le alcanzó el teléfono: del otro lado, George W. Bush, el presidente de los Estados Unidos, llamaba para saludarlo. Hacía casi una semana que se esperaba esa comunicación, que Adalberto Rodríguez Giavarini había gestionado con John Maisto, su amigo y encargado para América latina del Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos.
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De la Rúa fue su propio vocero más tarde para comentar el contenido de la conversación. Dijo que se trataron afectuosamente, «como dos amigos» y que su colega «agradeció la solidaridad expresada por nuestro país frente al cruento atentado». No contó, sin embargo, que el contacto había permitido una relativamente extensa referencia de Bush a la situación económica del país. El presidente norteamericano le dijo a De la Rúa que su país «mantiene los compromisos asumidos con la Argentina», lo que alude al respaldo de la Secretaría del Tesoro al auxilio brindado por el Fondo Monetario Internacional y, sobre todo, a la iniciativa para una opera-ción de recompra de la deuda pública que tuvo Paul O'Neill, el secretario del Tesoro (ver más inf. en pág. 3). De la Rúa informó a Bush sobre el esfuerzo fiscal que está realizando el gobierno y, aunque admitió dificultades, aseguró que se alcanzaría el éxito.
Sobre la situación internacional, dominada por el lanzamiento de una reacción contra el terrorismo por los ataques a Nueva York y Washington del martes de la semana pasada, la conversación Bush-De la Rúa fue muy sobria. Las novedades se producirían más tarde en la Casa Blanca: allí llegó, cerca del mediodía, Adalberto Rodríguez Giavarini. Después de atravesar varias fronteras de seguridad, el canciller se entrevistó con Condoleeza Rice, la titular del Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. Guillermo González, el embajador argentino en Washington, acompañó al ministro.
Rice agradeció la solidaridad argentina y comentó que la char-la entre Bush y De la Rúa había sido muy positiva. Después definió la naturaleza de la reacción que adoptará Estados Unidos frente a los ataques terroristas: «La réplica para este nuevo tipo de conflicto es diplomática, de inteligencia, financiera, comercial y hasta puede tener un capítulo militar». A Giavarini le pareció escuchar el eco de las palabras pronunciadas el martes por Colin Powell, el secretario de Estado, y que él leyó ante De la Rúa y Chrystian Colombo como la regla de oro para explicar el tipo de cooperación que debe esperarse entre los países: es decir, una cooperación que no se expresa necesariamente en lo militar.
Rice dijo que «el enfrentamiento no debe analizarse con las categorías tradicionales ya que en este tipo de choque habrá actores invisibles», lo que se interpretó como una alusión a tareas de inteligencia. Giavarini, por su lado, se concentró en dos cuestiones relativas a la acción argentina. Por un lado, las modificaciones que se están introduciendo en el control de aeropuertos. Por otro, la vocación del país por coordinar con sus vecinos el área denominada Triple Frontera, donde están radicados grupos sospechosos de apoyar o protagonizar acciones terroristas. Este tema mereció ayer una conversación entre De la Rúa y el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, además de un encuentro entre Rodríguez Giavarini y su cole-ga Celso Lafer, que se produjo ayer en Washington.
Estas conversaciones fueron la antesala para lo que sucederá hoy cuando se reúnan los cancilleres de los países miembros de la OEA y también los de los suscriptores del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca). En el primer encuentro pronunciará un discurso Giavarini en el que propondrá que se le dé protagonismo al Comité Interamericano de Lucha contra el Terrorismo, que se creó a iniciativa de la Argentina en una cumbre de la OEA en Mar del Plata en 1998 (Carlos Corach fue el principal gestor). Por otra parte, ayer circulaba un borrador de resolución propuesto por los Estados Unidos en el que se reclama a la OEA una expresión de solidaridad y apoyo en la lucha contra el terrorismo.