Como secuela no precisamente agradable de la Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, y a instancias de un George Bush enojado, fue convocada en Washington una reunión con los principales jerarcas del Departamento de Estado. Se concentraron, entre otros, la responsable de las Relaciones Exteriores, Condoleezza Rice; el secretario para Asuntos Hemisféricos, Tom Shannon; y William Schapiro (ex embajador en Venezuela, de tumultuosa relación con el mandatario de ese país, el general Hugo Chávez). En ese encuentro, donde no abundaron las sonrisas, se habría decidido el envío y la permanencia a Buenos Aires de una alta figura del gobierno, especialista en cuestiones comerciales, con rango de subsecretario (hasta podría ser una mujer), para acompañar en principio la gestión del embajador Lino Gutiérrez. Por lo menos, ésa es la impresión más favorable para la continuidad el diplomático.
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Esto se decidió antes de que se conocieran los delatores videos presidenciales que Chávez divulgó para indignación de otros mandatarios de la región -especialmente el mexicano Vicente Fox- luego de que se los cediera el gobierno argentino. En rigor, el saldo de la cumbre no resultó positivo para el gobierno norteamericano, y el propio Bush -ya en el avión de regreso-habría manifestado su disgusto, incluyendo alguna referencia favorable a un halcón que supo tener en su gobierno, Otto Reich (del cual, por otra parte, Shannon no está demasiado alejado). La molestia del mandatario con sus funcionarios pasó también por la falta de previsión a lo que sucedería en Mar del Plata (virtual ruptura entre países vecinos por los criterios sobre el ALCA, desplantes personales que Bush consideró ofensivos para su persona y, por lo tanto, para su país), malestar que también se extendió a la oficina en Buenos Aires.
Si como dato anecdótico Bush le había reprochado a la Rice que aceptara una cena a las 10 de la noche -cuando a esa hora, generalmente él ya está durmiendo-, las cargas tuvieron otra dimensión al vincularlas política, económica y comercialmente hablando. De ahí, la determinación por enviar a un alto ejecutivo/a de la administración, con rango de subsecretario por lo menos, para que se instale en la embajada norteamericana en la Argentina. Mientras trascendía esta novedad en el cónclave, el propio Shannon confesó que él mismo se había sentido decepcionado, ya que en los tiempos en que Cristina de Kirchner hacía campaña para su senaduría bonaerense, de visita en los Estados Unidos, él la acompañó a una recepción y escuchó su discurso -sobre la utilidad de la cumbre, además-, casi burlando elementales normas de neutralidad partidaria. Algunas especulaciones permiten imaginar que cierta dureza, para algunos países de la región, comienza a instrumentar el gobierno Bush.