24 de febrero 2003 - 00:00

Caen la producción y las exportaciones de trigo

La producción de trigo cayó otro 20%-22%. Los productores volverían a «regular» la oferta complicando exportaciones y mercado interno. Se llegó a abastecer más de 50 mercados, pero ahora casi no alcanzaría ni para Brasil, el principal comprador. El socio mayor del Mercosur completaría compras en Rusia y Ucrania, pero también en Canadá y EE.UU., que habitualmente compiten con la Argentina. La incertidumbre política (elecciones internas y conflicto con Irak) vuelve a incentivar la retención en un marco de menor cosecha.

Caen la producción y las exportaciones de trigo
La nueva y marcada caída en la producción de trigo, que en la campaña que acaba de finalizar marcó un nuevo retroceso, esta vez de 22%, sumada al mantenimiento de la tendencia a retener de parte de los productores que, aparentemente, repetirían el mismo esquema de «regulación» de oferta del año pasado, no sólo está determinando una plaza muy firme para uno de los principales productos que inciden en la canasta familiar, sino también la posibilidad bastante cierta de que el cliente más importante de la Argentina: Brasil, finalmente termine abasteciéndose de trigo en otros mercados. Hoy, frente a una cosecha que apenas rondaría los 12 millones de toneladas debido a la caída de área el año pasado y la obtención de, prácticamente, los rindes más bajos de la última década (20-22 quintales/hectárea), y con un consumo interno que, aun sin modificaciones, absorbería no menos de 5,5-6 millones de toneladas, parece muy lejana la época en la que Argentina abastecía con su trigo más de 50 mercados.

De hecho, se estima que con los 6 millones de toneladas restantes apenas se lograría abastecer al mayor socio del Mercosur, y eso tampoco es totalmente seguro. Es que, entre otros varios factores (elecciones locales, guerra con Irak, etc.), el ritmo de venta que impriman los productores constituirá un factor determinante, tanto para las exportaciones como para los precios del mercado interno. Por caso, ya el año pasado, contra la tendencia histórica de venta de un alto porcentaje inmediatamente después de la cosecha, gran número de agricultores, forzado por las restricciones económico-financieras impuestas por el nuevo sistema posconvertibilidad, más la fuerte incertidumbre política y bancaria, y la falta de mercado, adoptó los silos-bolsa o «chorizos», que le permitieron retener gran parte de la producción en el propio campo e ir vendiéndola a medida que necesitaban liquidez. Y, más allá de los cuestionamientos que recibe el sistema de parte de algunos sectores, es evidente que fue una solución para los productores.

• Demanda

Tanto es así que, según datos de los propios fabricantes de bolsas, la demanda creció 220% en un solo año al pasar de 2,5 millones de toneladas de granos almacenados con este sistema en 2001, a más de 8 millones de toneladas el año pasado, y de éstos, naturalmente el trigo ocupó buena parte del volumen.

El esquema se repetiría este año. Los datos a hoy indican que, mientras habitualmente en esta fecha los agricultores ya llevan vendido entre 50% y 60% de la cosecha triguera, ahora apenas superan 30%, y por lo menos esperarían hasta después de las elecciones para salir al mercado, aunque también hay otros factores que inciden como saber qué pasará, finalmente, con el ajuste por inflación para la liquidación del Impuesto a las Ganancias.

• Divisas

En cuanto a las exportaciones, tan inquietantes para el Ministerio de Economía por el ingreso de divisas, aunque se circunscriban a Brasil, también estarán afectadas y allí el equilibrio es más frágil aún, ya que si se tensa demasiado la cuerda, los brasileños pueden volcarse definitivamente a otros mercados de abastecimiento.

Y si bien se espera un incremento en la producción de trigo brasileña, por otro lado, el programa Hambre Cero, lanzado por el presidente Da Silva, arrojaría igual importantes volúmenes de compras.

De hecho, si bien ya habrían comprado más de 3 millones de toneladas en la Argentina, también llevan comprado cerca de un millón de toneladas en Ucrania, Canadá y Estados Unidos, sin contar la actual oferta rusa, que nuevamente apareció en el mercado internacional. En síntesis, menor producción, caída de exportaciones y un más que delicado equilibrio para administrar la estrechez de oferta, que se puede ver agravada por la inseguridad de los productores. Esto aumentaría más aún la retención, complicando precios, abastecimiento y exportaciones.

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