1 de julio 2003 - 00:00

¿California en bancarrota?

El estado norteamericano de California, que aporta 13% del PBI estadounidense y podría ser considerado la octava economía del mundo, sufre una fuerte crisis presupuestaria que podría ponerlo en virtual bancarrota. Su acosado gobernador, el demócrata Gray Davis, y la Legislatura negociaban anoche contra reloj un mecanismo para financiar el abultado déficit fiscal. De no haber solución en las próximas horas, se decidiría el cierre de escuelas, el cese de pagos a proveedores y el despido de decenas de miles de empleados públicos. El magro crecimiento económico, la crisis del sector informático -clave en el estado-y los crecientes gastos de seguridad por temor al terrorismo se han conjugado en la crisis. Otros 35 estados norteamericanos atraviesan dificultades similares.

Washington (ANSA, EFE) -El estado norteamericano de California, en sí mismo la octava economía del mundo, se encontraba ayer a punto de caer en bancarrota pública, en medio de frenéticas negociaciones entre su gobernador y su Legislatura para cubrir un agujero fiscal de 38.000 millones de dólares, una cifra que supera el presupuesto de varios de los otros estados norteamericanos.

Según se informó, había plazo hasta la medianoche de ayer (hora del Pacífico) para encontrar una solución al problema.

En caso de no poder hallarla, las escuelas del estado podrían cancelar las clases de verano (boreal) y licenciar a parte de sus planteles, los asilos y hospitales deberán dejar de pagar a sus proveedores y unos 30.000 empleados del Estado serían despedidos, entre otras posibles consecuencias de la debacle.

•Atención

A la sombra de una economía que a nivel nacional no termina de resurgir de la recesión, el caso de California -que aporta 13% del PBI de EE.UU. y que por su Producto de 1,3 billón de dólares es considerado la octava economía del mundo-es observado con especial atención desde la Casa Blanca, donde el presidente George W. Bush sigue afilando sus armas en vista de las elecciones de 2004, en las que se jugará la posibilidad de permanecer otros cuatro años en Washington.

Las últimas encuestas mostraron una fuerte caída en la popularidad del gobernador demócrata de California, Gray Davis, y también de los legisladores estaduales, tanto de la mayoritaria bancada demócrata como los de la oposición republicana. Quienes buscan destituir a Davis ya reunieron cientos de miles de firmas: hacen falta unas 900.000 para lanzar el referéndum en noviembre.

Según coinciden varios analistas, los problemas de California derivan de una combinación de gasto social que los conservadores consideran excesivo y el dramático aumento de las inversiones en medidas de seguridad que siguieron a los atentados del 11 de setiembre del 2001 en Washington y Nueva York. Pero, en particular, la economía local quedó duramente golpeada por las consecuencias de la recesión en la multimillonaria industria de la informática, que tiene en Sillicon Valley uno de sus máximos centros de producción y diseño.

•Impuestos

Para los demócratas, la solución pasa por una aumento de los impuestos, posibilidad que es firmemente rechazada por los republicanos.

California disfrutaba de un superávit de 9.000 millones de dólares hace apenas tres años. Este estado es señalado como un verdadero «termómetro» de los procesos económicos estadounidenses y, en ese sentido, surge como una advertencia para el presidente Bush, quien hasta ahora aparece concentrado en los problemas de seguridad interna y en la lucha contra el terrorismo, cuestiones que hicieron crecer ampliamente el gasto federal.


Para los observadores internacionales, la crisis de California no deja de ser una buena oportunidad para observar cómo los responsables de una de las mayores economías del mundo se arreglan para resolver la crisis fiscal, uno de los problemas criticados más a menudo por la Casa Blanca y los organismos financieros cuando ocurren en países en desarrollo.

La conclusión ayer del año fiscal para 46 estados de EE.UU. encontró a 36 de ellos con sus peores déficit presupuestarios desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En 49 de los 50 estados, las constituciones estaduales prohíben los déficit presupuestarios, por lo cual las únicas opciones son la reducción de gastos o el aumento de impuestos, ésta última una posibilidad en la que ya trabajan activamente 29 estados. De acuerdo con los cálculos del Centro sobre Presupuesto y Prioridades de Política, los déficit estatales, que este año suman unos 55.000 millones de dólares, se extenderán en el próximo período fiscal a 45 estados y sumarán entre 75.000 y 80.000 millones de dólares.

Estos déficit son resultado de una combinación de ampliación de programas públicos durante la bonanza entre 1991 y 2001, la transferencia de programas federales de desempleo, educación y salud a los estados (durante el gobierno de
Bill Clinton), y el entusiasmo por la rebaja de impuestos que se puso de moda a mediados de los años '90 y llevó a Bush a la Casa Blanca en 2001. Desde ese año se han sumado la combinación de una recesión económica de tres trimestres, los ataques terroristas y la «guerra contra el terrorismo», que han incrementado los gastos de seguridad.

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