22 de marzo 2002 - 00:00

Castro habló y se fue antes

Fidel Castro abandonó repentinamente la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Financiación para el Desarrollo, «debido a una situación especial provocada por mi presencia aquí», según comentó él mismo. Lo hizo después de un durísimo discurso dirigido al plenario de mandatarios, con la ausencia del norteamericano George W. Bush.

Castro, a quien sólo fue posible ver en Monterrey ayer a la mañana, anticipó que su discurso no sería largo, sólo de siete minutos. El líder cubano agregó: «No voy a decir con quién me voy a reunir, porque luego siempre queman a los amigos de Cuba». Interrogado sobre los encuentros bilaterales que sostendría durante su estadía en Monterrey, respondió irónicamente: «Ustedes quieren que lo eche a perder todo, hablar conmigo es un pecado. ¿Ustedes no se dan cuenta? ¿Ustedes quieren que mande al infierno a un montón de gente? ¿Que los invadan por hablar con nosotros?».

Castro
se marchó inmediatamente después de su intervención ante el pleno de la Conferencia, sin esperar a es cuchar a Bush, ni los discursos de la mayor parte de los delegados de los 180 países reunidos en Monterrey.

Hizo un discurso muy breve, que inició así: «Lo que aquí diga no será compartido por todos, pero diré lo que pienso y lo haré con respeto».

«El actual orden económico mundial constituye un sistema de saqueo y explotación como no ha existido jamás en la historia. Los pueblos creen cada vez menos en declaraciones y promesas. El prestigio de las instituciones financieras internacionales está por debajo de cero», declaró.

El líder cubano comparó la economía del planeta con un «gigantesco casino» y destacó que «por cada dólar que se emplea en el comercio mundial, más de cien se emplean en operaciones especulativas que nada tienen que ver con la economía real». «Este orden económico ha conducido al subdesarrollo a 75 por ciento de la población mundial», aseguró, antes de recordar que la extrema pobreza alcanza ya la cifra de 1.200 millones de personas, por lo que afirmó que «el abismo crece, no se reduce».

Otro de los datos facilitados por Castro fue que «la diferencia en los ingresos de los países ricos y los pobres, que era de 37 veces en 1960, es hoy de 74 veces». «Se ha llegado a extremos tales, que las tres personas más ricas del mundo poseen activos equivalentes al Producto Interior Bruto combinado de los 48 países más pobres», señaló.

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