Los tiempos cambian, las condiciones varían, los nombres se desgastan, los conceptos generales ya no alcanzan... todo esto pareció demostrarse en la víspera, con la llegada de la versión II del ministro Cavallo: gesto del recordado boom de 1991/'92 (subiendo el índice de 91, hasta casi 900 puntos), si bien también fue sucedido por un crac en el segundo año. De todos modos, el desembarco de tal nombre presuponía que le daría algo de la «vieja magia» al cargo, y dentro de su ya experimentado manejo de situaciones, el ministro se encargó de hablar bien temprano a la mañana, como para enviarle señales al mercado y abrochar el día...
Algunos creyeron, otros intentaron, algún tercero ayudó y se llegó a picar hasta un máximo de 441 en el Merval. Después, se plantó el motor, llegó la noticia de que no habría adelantos de fondos. Se remataba la tarde con una Wall Street también triste, porque el «viejo zorro» solamente aflojaba 0,5 por ciento en la tasa.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
De todo esto, bien batido, salió un saldo que constituye todo un hallazgo para medir la desconfianza general (y la exterior). Porque no sólo no hubo euforias, sino que se cerró con 0,6% de baja en el Merval, yendo a 0,85% en el M.AR argentino. ¡Quién diría!... la asunción de López Murphy le dio una paliza a la de Cavallo. Y el mercado le devolvió el mensaje, con otra señal: «Ver para creer». Informate más
Dejá tu comentario