En esas mismas mesas se analizan dos datos muy positivos que se manejan puertas adentro con respecto a la variación interanual del primer trimestre 2021 respecto de primer trimestre 2020, siendo este último el único que el Gobierno pudo gestionar hasta ahora sin pandemia.
Por un lado, el crecimiento del PIB del 2,5% y por otro, el freno de la suba (y leve descenso) de la tasa de desempleo del 10,4% (IT20) al 10,2%(IT21). A pesar de la propagación del virus y con un frente financiero innecesariamente endeudado por la gestión Macri, el Gobierno comenzó a remontar la cuesta de la tendencia heredada, esto es lo que marcan los números de la economía real en el primer trimestre del año. Se señalaba en esos quinchos que, cuando se desagrega el número del crecimiento del primer trimestre se observa, no sin sorpresa, que el “conductor” del crecimiento de la demanda agregada fue la inversión que presenta una variación interanual positiva del 38,4%, acompañada de una mejora en las exportaciones del 1,2%, con estancamiento en el consumo privado del -0,7% y del consumo público del -0,5%. Que la Formación Bruta de Capital Fijo haya sido decisiva en la variación positiva de la tasa de crecimiento de la demanda agregada total es una señal muy favorable de la expectativa del empresariado acerca el horizonte futuro de la Argentina. Ergo, la variación interanual (IT2020/IT2021) de las importaciones de Bienes de Capital fue del 41,6% de u$s 1.630 millones a u$s2.308 millones.
La industria (32,8%) y la construcción (97,6%) expresan repuntes significativos. Para las fuentes de este comentario, estos números confirman que la dinámica de los agentes económicos tiende a fluir por segmentos muy alejados de la cúpula empresaria homologada como los supuestos únicos interlocutores, especialmente la de aquellos que sólo parecen centrarse en rebajas impositivas y flexibilización laboral, y se centra en los planes de negocios de las 120.000 empresas medianas que actúan en el mercado argentino. Tal vez habría que estudiar una acción positiva del Estado sobre esta franja empresarial, dice la fuente. Las sombras vienen dadas por un dato no menor. A pesar de la variación interanual positiva del 2,5% del PIB la reducción de la tasa de desempleo fue magra del 0,2% beneficiando a 198.000 argentinos y argentinas que pudieron abandonar esa condición a lo largo de un año. Pero persisten 2.204.000 millones de compatriotas desempleados. La relación de cuanto baja el desempleo ante un crecimiento del PIB (elasticidad empleo/PIB) ha sido baja.
Cada punto de crecimiento del PIB reduce sólo un 3,3% el número de desocupados. Se trata sin duda de una mirada de estrecha coyuntura en dónde el número lo explica el hecho de que el “conductor” del crecimiento fue la Inversión que representó al cierre del 1T21 el 15,8% del PIB respecto del Consumo Privado que es el 56,2% y el Consumo Público que alcanza al 11,0%. Sin duda una expansión centrada en el consumo privado y público no sólo representará una tasa de crecimiento bruta más elevada, sino que mejorará la relación empleo/PIB bajando la desocupación en forma más acelerada. Es muy positivo apreciar la expectativa favorable en un segmento relevante del empresariado, pero no debe minimizarse el efecto positivo de los estímulos a la demanda y la política de ingresos sobre el apalancamiento del crecimiento económico.