14 de abril 2008 - 00:00

Chávez, con temor a un nuevo fracaso electoral

Hugo Chávez
Hugo Chávez
La reestatización de Sidor se decidió en Caracas el domingo 6, dentro del seno del PSUV, el partido único del chavismo. Fue una planificación de ingeniería. Y no precisamente siderúrgica, sino electoral. Es que de cara a las elecciones regionales del 23 de noviembre en Venezuela, el partido de Hugo Chávez está haciendo agua en varios distritos. Entre ellos, el estado Bolívar, el que además de Sidor y varias metalúrgicas, alberga a las grandes usinas eléctricas de los ríos Orinoco y Caroní.

Con un millón y medio de habitantes, Bolívar es políticamente clave para la revolución bolivariana porque es el estado con mayor cantidad de población sindicalizada de toda Venezuela. «Necesitamos una medida de alto impacto político para frenar una derrota electoral», fue la frase con que el vicepresidente del PSUV, el general Muller Rojas, recibió el lunes 7 a una comisión del sindicato de los siderúrgicos ( Sutiss). La noticia les cayó como un balde de agua fría. Los gremialistas se habían presentado en Caracas para propiciar la reanudación de las negociaciones con Sidor y se encontraron con un «no» rotundo de parte del político. La reunión fue terminada abruptamente, sin más explicaciones que «estamos muy mal en Bolívar: la popularidad del presidente está muy baja y las encuestas nos dicen que tal como estamos hoy perderíamos contra Andrés Velásquez», el candidato opositor.

Con Sidor, Chávez hizo un giro de 180°. Inesperado, contradictorio. Había puesto a dos alfiles de peso, sus ministros de Trabajo, José Ramón Rivero, y de Industrias Básicas y Minería, Rodolfo Sanz, para que agilizasen un acuerdo, muy demorado, con los sindicalistas y la patronal. El acuerdo parecía estar cerca hace diez días, pero fue el contenido de un informe político confidencial que elabora periódicamente la sala situacional del palacio de Miraflores el que hizo dar vuelta la taba. El dossier, del viernes 4, admite que el gobierno chavista se encuentra acorralado por las denuncias de corrupción, la escasez alimentaria y la desidia hospitalaria, la relación con las FARC y el fracaso en la campaña por la liberación de rehenes. Y plantea retomar urgentemente la iniciativa para volver a estimular la revolución bolivariana y, consecuentemente, la captación de votos para las próximas elecciones.

  • Reacción

  • Conocido el informe, la reacción del gobierno de Caracas fue casi inmediata, y como existía un compromiso previo entre Néstor Kirchner y Hugo Chávez de no estatizar Sidor, fue el vicepresidente Ramón Carrizales el encargado de hacer el escueto anuncio de la nacionalización del capital privado de la siderúrgica (60% del paquete accionario) en la madrugada del miércoles pasado. La medida prácticamente rompió lanzas (al menos comerciales) con los presidentes Lula da Silva y Cristina de Kirchner. Sidor, junto con la argentina Siderar y la mexicana Hysalmex forman parte de Ternium, controlada del consorcio Amazonia, creado en agosto de 2005.

    En este consorcio, en el que el accionista mayoritario es el grupo Techint, la brasileña Usiminas participa con 14,5%. Lo previsible, de acuerdo con la composición accionaria de la empresa, hubiera sido que el presidente Chávez, ante los insistentes llamados de reclamo de sus pares de la Argentina y Brasil, hubiera hablado primero con la señora de Kirchner. En cambio, prefirió comunicarse antes con su «amigo Lula». Dentro de ese esquema de preferencias, también se inscribe que en la conferencia de prensa del viernes pasado en la planta de Sidor, el único medio de prensa privado -venezolano o extranjero-al que se le permitió el acceso fue a «Folha de Sao Paulo».

    En la misma tesitura estaría el silencio de radio por parte de Caracas hacia el titular de Techint. El jueves pasado, Paolo Rocca llamó a un conocido abogado de importante actuación en el gobierno de Menem y ligado al mundo del polo para que le pidiese a un venezolano, que compra caballos de su haras y muy cercano a Chávez, que intercediese ante él. Había una importante recompensa en juego. La respuesta del venezolano fue contundente: «Es una misión imposible, porque lo de Sidor no es asunto de Chávez sino del chavismo, y por lo tanto son demasiadas las bocas que habría que alimentar».

    Aunque algunos analistas, tanto en Caracas como en Buenos Aires, ya hablan de un distanciamiento entre los Kirchner y Chávez, lo cierto es que la noticia de Sidor no habría caído tan de sorpresa en el gobierno argentino. La Presidente fue advertida por la embajadora Alicia Castro el anterior fin de semana. Pero claro, Cristina de Kirchner estaba más preocupada, y ocupada, por las coqueterías de una marcha parisina para la liberación de la franco-colombiana Betancourt. Avatares de la globalización. O de dejarse seducir por una causa libertaria, que le permitiese marchar, al fin, al menos en el país de Voltaire y Rousseau. Otra revolución, distinta a la -por ahora-perdidosa bolivariana.

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