El presidente Donald Trump no va a despedir al chairman de la Fed, Jerome Powell, y tampoco cree que tenga autoridad para hacerlo (¿será por ello entonces?). Lo aseguró el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. Tampoco va a despedir al Russell 2000 ni al Nasdaq tras hundirse en terreno bear, probablemente por las mismas razones. Podría despachar a Mnuchin si quisiera, a quien Trump responsabiliza por su decisión (de Trump) de instalar a Powell al timón del banco central y forzar la partida de Janet Yellen. Canjear la mano de seda probada por un abogado (del diablo) que no teme litigar era lo que se necesitaba para empujar la desregulación financiera. Así, esta semana empujó a los mercados al borde del abismo. No se sabe, por cierto, qué resolverá con respecto a Santa Claus. El año pasado trajo la impresionante reforma fiscal desde el Congreso, y en 2018 la economía aceleró su paso triunfal a ratos superando el 4% que había prometido el Presidente cuando candidato. No hubo regalos –ni siquiera el consabido rally bursátil– en esta Navidad. Más insultante aún: la Bolsa –sus dos bastiones, el Dow Jones Industrial y el S&P500- se bambolea a punto de rendirse ante la imagen agigantada de una próxima recesión. ¿Qué nos legó la gran reforma impositiva? Un año de fiesta fugaz y diez de futuros déficits fiscales que sumarán entre un billón y un billón y medio de dólares extra a la deuda pública. Se comprende la ira de Trump con Powell: su política monetaria es horrible.
Steven Mnuchin
Protagonistas. Steven Mnuchin y Jerome Powell. Entre ellos, Donald Trump, y su catarata de cuestionamientos a sus funcionarios.
Como sea, Trump ya tomó decisiones. Tras conversar con el presidente turco Recep Erdogan despidió al secretario de Defensa –Jim Matthis, el penúltimo de las “personas mayores” de su gabinete si uno lo considera así a Mnuchin– y retirará las tropas estadounidenses de Siria (y Afganistán). Lo desvela una amenaza más cercana. Debe conseguir los fondos para elevar la gran muralla fronteriza que México no está dispuesto a pagar. Y como la oposición tampoco, no encontró mejor recurso que la vía muerta de la discusión en el Congreso, y como derivación, el “shutdown”, un cierre parcial, del Gobierno. Trump no logra soluciones para sus problemas, pero sí chivos expiatorios. Powell, por un lado, y, en este rincón, los demócratas. ¿Qué más puede hacer? No olvidarse que tiene a los chinos en penitencia. Pero, por lo visto, prefiere estirar la agonía. Entonces, solo le resta despedir el año.
En retroceso pronunciado Wall Street tenía dos cartas sobre la mesa. La tregua comercial con China y la jugada de la Fed. La primera se dilata, la segunda no fue el comodín que esperaba. La Fed de Powell –unánime– no les prestó a los mercados el pincel para pintar la recuperación soñada, pero tampoco les quitó la escalera. No dio por cancelada la suba de tasas en 2019, pero la razón es una economía muy saludable. La canasta de indicadores líderes, por caso, apunta a un crecimiento de 2,8% en la primera mitad del año próximo con tan solo una desaceleración en el segundo semestre. No es la recesión de mentas. La curva de rendimientos absorbió el aumento de tasas sin invertirse aunque una pendiente de 12 puntos base no aleja la sensación de peligro. ¿Le faltó empatía al mensaje? Adrede. Bastó que Powell afirmase que la política de reducción de la hoja de balance seguiría en modo automático para que los críticos le saltaran a la yugular, pero el motivo -que hasta la propia Fed desconoce sus efectos precisos y por ello prefiere usar la tasa de interés como instrumento– es válido. Que el banco central se juegue el cuello por la tesis del crecimiento sin mella, en el fondo, es un pilar pero los mercados temen otra recesión, la que la Fed podría causar con su celo. En cambio, la Fed no teme la recesión que el derrumbe de los mercados puede provocar. Ahí, la raíz de la grieta. No obstante, dos emisarios oficiales, John Williams y Loretta Mester, ya fueron despachados para flexibilizar posiciones. Si se hacen números, la brecha es ínfima. La tasa de Fed funds subió a 2,25%-2,50%. La de equilibrio de largo plazo bajó a 2,75%. Si la situación se complica la Fed se tornará neutral. Y a la velocidad a la que reculó Powell –de octubre a diciembre– no habrá espacio para más suba de tasas. Eso sí, primero la Bolsa deberá sacrificarse y confirmar el fin de ciclo. Como bombero Powell mostró ser un buen abogado. No compra las señales de humo. Y no querrá pagar las costas.
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