29 de noviembre 2005 - 00:00

Clave: lo que piensa Miceli de inflación, FMI y salarios

La designada ministra de Economía, Felisa Miceli, llega al Palacio de Hacienda ayer al mediodía tras el anuncio del recambio de Roberto Lavagna.
La designada ministra de Economía, Felisa Miceli, llega al Palacio de Hacienda ayer al mediodía tras el anuncio del recambio de Roberto Lavagna.
Resulta importante para anticipar medidas a tomar por Felisa Miceli para combatir la inflación y, eventualmente, negociar un acuerdo con el Fondo Monetario, saber cuál es su pensamiento sobre los temas salientes de la economía hoy. En varias entrevistas recientes, especialmente una en «Página/ 12» (el 2 de octubre) y otra en la revista «Fortuna» (21 de noviembre), Miceli habla de los efectos de aumentar salarios, por ejemplo, y con la frase más recordada: «se debe pasar por inflación más alta que la deseada. Es eso o la paz de los cementerios». La hasta ahora titular del Banco Nación se muestra contraria a proyectos como la creación de un Banco de Desarrollo y al mismo tiempo contraria, tanto o más que Lavagna, a aplicar las recomendaciones del FMI. Este es el pensamiento económico de la recientemente designada ministra de Economía:

La principal meta para esta etapa (poselecciones) es mejorar la distribución del ingreso. Todas las medidas que reduzcan la pobreza y permitan una mayor inclusión son las que debemos seguir tomando. Vamos a profundizar muchas medidas para acelerar la reducción de la pobreza. Una de ellas es el combate al trabajo informal. Tengo entendido que será una prioridad para el año que viene. Es un instrumento de los más importantes para aumentar los ingresos de la población. Actualmente, el empleo en negro es demasiado alto.

• Es una muy buena medida implementar un subsidio universal para terminar con la indigencia, como hará la Ciudad de Buenos Aires. El gobierno nacional dio muestras de su voluntad para resolver el problema de la pobreza y la indigencia. Muchos gobiernos provinciales también podrían generar instrumentos que universalicen la política social.

No me gusta la palabra zurdaje. Suena despectivo. Este gobierno demostró cómo trabaja, con qué metodología y para qué país. Si la derecha dice que después de las elecciones se viene el zurdaje, tiene mala intención.

• Lavagna es un gran ministro de Economía. Junto al Presidente están llevando adelante la política económica que la Argentina necesita y lo seguirán haciendo en el futuro.

El problema de la inflación reconoce una multiplicidad de causas. Para enmarcarlo hay que pensar que tenemos una economía que crece a 8% anual y se generan cuellos de botella en la estructura productiva. Necesariamente debemos pasar por una inflación un poquito más alta que la deseada, pero es eso o la paz de los cementerios.

• Las recetas del Fondo, que no bien subieron un poco los precios volvieron con la recomendación de ajustar el gasto y subir las tasas, llevan a la recesión. Sus teorías son de un simplismo que espanta. Sólo llevan a la recesión, al desempleo y al cierre de empresas.

Necesitamos tiempo para que la oferta se diversifique y se agrande y para que maduren las inversiones. Con esta política económica, tengo la absoluta seguridad de que la demanda seguirá creciendo y habrá cada vez mejores salarios.

• Apuntar a los aumentos salariales como responsables de la inflación es un argumento para mantener los sueldos bajos. Si no hay ajustes de salarios, cómo distribuimos mejor el ingreso. En la estructura de costos de las empresas, los sueldos tienen una incidencia muy inferior a la de los '90. Lo mismo ocurre con el costo financiero. Me inclino a pensar que la inflación es consecuencia de un incremento de la demanda que no pudo ser acompañado por la oferta.

Como dijo Lavagna, las subas de los salarios deben responder a una mayor producción, porque si no, se genera una carrera indexatoria que siempre ganan los que fijan precios.

• Estoy absolutamente de acuerdo con toda la estrategia (de Lavagna) en materia de deuda externa. La quita a los acreedores privados es un logro inédito para cualquier país del mundo. El plan de desendeudamiento es correcto porque nos permite recuperar grados de libertad en el manejo de la política económica.

Si no se adoptó una quitaal FMI (como había propuesto Joseph Stiglitz) no es porque no se haya pensado. Pero el gobierno tomó otro camino. Mantener la relación con el Fondo nos permite aumentar las exportaciones y estar insertos en el mundo financiero y comercial internacional. Por otra parte, somos el gobierno del desendeudamiento, no el que provocó la deuda. Nos tenemos que hacer cargo de los créditos inútiles que tomaron otros.

• Me gustaría creer que en todo este tiempo el Fondo aprendió algunas lecciones. Podemos llegar a un arreglo, pero sólo si no impone un corset a la política económica. Si hay un acuerdo, es para potenciar el programa que llevamos adelante, no para ponerle palos en la rueda.

El uso del superávit es muy racional y muy serio: pagamos deuda y al mismo tiempo subimos el gasto para salarios. Hay que buscar ese justo equilibrio, porque volver al déficit sería catastrófico. En los '90, el Estado se llevaba 45% del crédito disponible. En economía todo tiene que ver con todo. Aquellos que piensan que todos los males se pueden resolver en dos años hacen ejercicio de falta de responsabilidad. Lo mejor que podemos hacer es sentar las bases para un crecimiento sostenido por varios años, porque eso termina con la indigencia. No hay atajos.

• Todavía hay liquidez en el sistema financiero para cubrir la demanda de crédito para la inversión. Eventualmente, si en algún momento hiciera falta utilizar las reservas del Banco Central con ese fin, se vería cómo se implementa. Como economista adopté el criterio de estudiar los pros y los contras de cada idea. No hay que ponerse barreras. Tenemos que estar abiertos a todas las ideas posibles que sirvan al objetivo de bajar la pobreza y lograr mayor equidad social.

Estamos bastante activos en la idea de que las AFJP puedan financiar la inversión. Podrían invertir en fideicomisos que respalden la inversión a largo plazo. Estamos trabajando, porque hace falta generar instrumentos que canalicen recursos hacia la producción.

• Siempre critico a los economistas cuando dicen: aumenta la oferta monetaria, aumenta la inflación, bajan las tasas de interés, hay reactivación económica. Las cosas no son tan lineales; la realidad de la economía no es como en un laboratorio.

Existe una paradoja tremenda: estamos bañados en liquidez, nos sale la plata por las orejas, pero si un argentino quiere construir un puerto o una fábrica petroquímica, no hay cómo financiarlo.

• Yo no creo en los proyectos del estilo Banco Nacional de Desarrollo, les tengo terror a esas cosas. Incrementar estructuras en este momento sería negativo.

Es mucho lo que hay que hacer para que los empresarios sientan que su esfuerzo privado va a tener después una recompensa. Hay que ir paso a paso para no frustrar ese crecimiento. Así los empresarios van a sentir que pueden apostar más, y cuando aumente la demanda, van a hacer crecer la oferta de bienes y no los precios.

• Nosotros no somos la conducción del ajuste, porque esa palabra se desterró de la Argentina.

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