Al ingresar en el recinto de la Bolsa, lo primero que llamaba la atención era el número inusualmente alto de operadores que se habían reunido. Una cosa más curiosa era la decisión que por esas cosas del inconsciente colectivo los había llevado a vestir más oscuro que lo habitual. Por último, el silencio. En lugar de vociferar como suelen hacerlo normalmente, apenas se escuchaban voces como tratando de no molestar "al muerto", lo que sin dudas debió de ser especialmente difícil si tenemos en cuenta que al finalizar el día se hicieron operaciones por casi 53 millones de pesos y se filtraban los rumores sobre congelamiento de depósitos, default, etc. Como demostrando que al mercado el "paquete" anunciado menos de 12 horas antes por el Presidente y su ministro de Economía, no le gustó, y que coincidía con la decisión de S&P de bajar el rating del país a niveles de "non performer", el Merval se desplomó 13,6% en la primera mitad de la rueda (la caída más grande del índice desde la convertibilidad fue de 17,5%). Claro que en esto tuvo también mucho que ver la suspensión de la recompra de acciones del BBVA-Francés (el papel que cerró 41% debajo del cierre del día anterior, alcanzó a perder más de 54% en su punto más bajo). Sin grandes certidumbres comenzó entonces a hablarse de un paquete de ayuda por u$s 5.000 millones que según la fuente provendría de Alemania, el FMI o el Tesoro norteamericano. Los precios comenzaron entonces a recuperarse y algunos apostaron a que se repetiría lo del miércoles. Pero los ánimos volvieron a pincharse una vez que los vendidos terminaron de cubrir sus posiciones en descubierto y que no arribaban confirmaciones al mercado. Para cuando sonó la campana el Merval quedaba en 311,65 puntos mostrando una pérdida de 8,16%. El consuelo en todo esto es que a los tenedores de bonos les fue peor. Tiene cola de león y cabeza de león. ¿Es león o crac?
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