Comisión para el gasoducto Caracas-Buenos Aires que preocupa a Evo Morales
La vieja ocurrencia de que un camello es un caballo hecho por una comisión parece verificarse de nuevo con el faraónico gasoducto que se pretende construir desde Venezuela y sobre el que volverán a hablar hoy Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva en Brasilia. En efecto, ya funciona una megacomisión denominada Comité Multilateral de Trabajo para la Interconexión Gasífera entre la Argentina, Brasil y Venezuela, que celebró su primera reunión en Caracas. Los resultados de ese encuentro serán presentados hoy a los presidentes. Entre ellos, una primera tasación difundida por el ministro de Energía venezolano: «Tenemos previstos costos de entre 17.000 y 20.000 millones de dólares para una obra que durará entre 5 y 7 años». Sin mayores costos, claro. Para tener una referencia: Yacyretá demandó (hasta ahora) 8.000 millones de dólares. ¿Cuánto gas hace falta vender para que el esfuerzo sea financieramente razonable? ¿De dónde saldría ese gas? ¿A cuánto habría que venderlo? Son preguntas que nadie responde todavía, aunque se hable de empresas interesadas y de que hasta el rey Juan Carlos I de España podría sumarse a la iniciativa. Al menos para los anuncios, claro. Mientras transcurren los 7 años de la construcción, el gasoducto presenta un problema: irritar a Evo Morales, que puede tomarlo como un modo de eludir a Bolivia como proveedor. De hecho, Brasil está buscando, en la explotación del mar frente a Santos, una cuenca que le permita prescindir en parte del gas boliviano: representa 35% del que consume (para la Argentina es 5%). En este contexto vale la pena leer lo que dijo el futuro presidente de Bolivia cuando regresó a su país desde Buenos Aires, el martes: «Tenemos que entendernos para evitar una guerra por el gas o por el agua, que son los motivos por los cuales se producen hoy las guerras». Seguramente exageraba. Mientras tanto, ayer Kirchner debutó con su primera visita de Estado a Brasil, en la que Lula habría aceptado poner cupo a algunos productos que se exportan. Claro, sin revelar su estrategia: con tantas empresas radicadas en nuestro país, le conviene obtener divisas como beneficios de esas compañías y no irritar a empresas argentinas. A cambio, Lula pide el aval de Kirchner para ser líder de Sudamérica.
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Néstor Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez y Lula da Silva.
• Otra cuestión energética que seguramente interesará en Brasilia durante esta cumbre tripartita tiene que ver con el acuerdo que celebraron las cancillerías argentina y la brasileña en Montevideo, el 9 de diciembre pasado. Por ese acuerdo, la Argentina se compromete a garantizar un mínimo de provisión de gas a las usinas que producen energía eléctrica para el mercado brasileño. Es un compromiso que tiene una víctima secreta: Chile. Es decir, para cumplirlo en condiciones de restricción de gas, la Argentina debería suspender el flujo de gas al país trasandino (tal vez se escuche hablar de esto a Michelle Bachelet en los próximos días).
• Beneficiarios
La firma de este acuerdo beneficia a las principales generadoras eléctricas que consumen gas (una española, otra norteamericana). Pero aún así el acta ocasionó un revuelo en Rio Grande do Sul, ya que el mínimo de megavatios que se garantizan es inferior al que ahora se consume en ese Estado. De allí que los industriales «gaúchos» acusen a Itamaraty de «traición». Por momentos las guerras que Evo Morales dice que hay que evitar no parecen tan fantasiosas.
¿El gobierno argentino suscribió el tratado, que no tuvo difusión salvo en este diario ayer, con conciencia plena de sus derivaciones, especialmente en relación con Chile? De Vido se lo explicará seguramente a Kirchner en las próximas horas.
• La tercera cuestión sobre la que habrá conversaciones oficiosas, seguramente, hoy tiene que ver con el bloqueo tecnológico que le impuso Estados Unidos a Venezuela vetando la venta de aviones Tucano construidos en Embraer ( también de aviones españoles). El Departamento de Estado formuló un veto basándose en el derecho de que no se transfiera tecnología norteamericana a países que no son amigos. El argumento, en este caso, es que «Chávez pretende desestabilizar la región». Es de esperar que Chávez y Lula produzcan alguna definición sobre este veto a Venezuela. Pero difícilmente Kirchner abra la boca: mientras se formulaba esa medida en Washington, él recibió a Thomas Shannon, el segundo de Condoleezza Rice para Latinoamérica, a quien agasajó personalmente. Es importante lo que se diga públicamente respecto de estas medidas del Departamento de Estado, ya que todos se verán con Shannon el próximo domingo: el subsecretario decidió concurrir a la asunción de Morales, donde además de verse con Kirchner, Lula y Chávez se cruzará con el mismísimo Fidel Castro.
C.P.



