Cómo Kirchner organizó ayer su "día histórico"
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Los sindicalistas
Hugo Moyano y
Andrés Rodríguez,
entre la variedad de
invitados ayer a la
Casa de Gobierno
para escuchar el
anuncio del presidente
Kirchner.
En esos minutos de espera se destejieron -siquiera algunos hilos-de una trama que el gobierno mantuvo encriptada hasta ayer, pero que comenzó a tejerse casi 20 días atrás en la cumbre Lula-Kirchner en Iguazú y tuvo un capítulo clave horas atrás en España.
«Ahora se explica más y mejor el encuentro en Iguazú con Lula, ¿no?», comentó, eufórico, un ministro vinculando las determinaciones que, casi en simultáneo, tomaron los gobiernos de Brasil y la Argentina de pagar la deuda que acumulan con el Fondo Monetario.
Oscar Parrilli, el secretario General de la Presidencia, había repasado ida y vuelta su agenda invitando a gobernadores, funcionarios y dirigentes, mientras que una nómina selecta de empresarios fue contactado desde Economía o desde el despacho presidencial.
Kirchner, incluso, se dedicó personalmente a reforzar algunas convocatorias. « Tenés que venir: es muy importante», le dijo a José Manuel de la Sota, que había gambeteado la invitación cuando se la hizo Parrilli. La curiosidad del cordobés no fue saciada hasta que pisó la Casa Rosada.
El anzuelo y la posterior revelación valió para muchos otros: entre ellos, el empresario Cristiano Rattazzi, el banquero Carlos Heller y el titular de la UIA, Héctor Méndez, que comentaban en la previa la medida -con cierta incertidumbre-. También Octavio Bordón, recién llegado de EE.UU.
«Es el momento indicado: hay solidez financiera y es un gran momento político», recitó Bordón y se emparentó en el argumento con Carlos Chacho Alvarez, su ex socio político, que ayer estrenó traje de titular de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur en la Casa Rosada.
«Potencia de manera excepcional la fortaleza del bloque», comentó Alvarez, enlazando la determinación de la Argentina con la de Brasil.
El besamanos fue agotador: Kirchner atravesó el tumulto de gobernadores -el grupo de los UCR y los principales del PJ-, funcionarios, empresarios e invitados VIP (Estela de Carlotto, Aníbal Ibarra y dirigentes de Madres de Plaza de Mayo, entre otros) repitiendo una frase: «Fuerza: ayúdenme».
• Recuerdo
Fue inevitable que el hecho y las reacciones remitan a la declaración de default que en diciembre de 2001 efectuó en el Congreso Adolfo Rodríguez Saá. También lo es señalar que el marco es otro y que el gobierno se cuidó minuciosamente en cuanto a las formas.
Para darle ese rango institucional, apartidario, fue que Kirchner se mostró junto al vicepresidente, Daniel Scioli; el vice del Senado, Marcelo Guinle; el titular de Diputados, Alberto Balestrini, y el titular de la Corte, Enrique Petracchi. Es decir: toda su línea de sucesión.
Ese recato para que el acto no derive en un mitin se alimentó con la decisión de Kirchner de guardar el secreto bajo su almohada. Al punto que los kirchneristas que suelen aportar aplaudidores no pudieron reunir más que un puñado de militantes para festejar la decisión oficial.
Minutos después del anuncio, un grupo de no más de 50 personas -la mayoría de ellos del gremio de Camioneros que conduce Hugo Moyano, quien estuvo sentado en la primera fila durante el acto-se reunió frente a la Casa Rosada para simular una movilización espontánea de apoyo.
Terminó mal: en la otra punta de la Plaza de Mayo, unos 30 familiares de víctimas de Cromañón se habían ubicado en la explanada para abuchear a los que entraban y salían. Bastaron algunos gritos para que la euforia engendre un episodio violento.
Esta vez, a diferencia del acto de jura de ministros, donde hubo cantos contra Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, y coreos reivindicatorios de Montoneros, ayer -salvo algún cacique, como Luis D'Elía o Emilio Pérsico-no hubo referentes piqueteros en el Salón Blanco.
Igual, improvisado, se armó una rueda de vítores cuando Kirchner, saludando, se enfilaba a la puerta que lo lleva a su despacho. «Argentina, Argentina», empezó a cantar un grupo de dirigentes. El Presidente, junto a Carlos Zannini, se escabullía escoltado por granaderos.



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