"Yo tengo que pensar en los argentinos que no tienen trabajo, antes que en la ideología.» Hace unas semanas, con esta frase, Rafael Bielsa explicaba por qué, veladamente, el gobierno de Néstor Kirchner prefería que el ganador en las elecciones presidenciales en los Estados Unidos fuera George W. Bush. Más allá del apoyo débil o fuerte que éste dé a la Argentina en las futuras negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con los acreedores de la deuda externa, la clave de esa posición radicaba en la posibilidad de reanudar las negociaciones de apertura comercial que mantenían los dos países y que quedaron suspendidas hasta que se develara quién llegaría o continuaría en la Casa Blanca el 20 de enero.
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En concreto, y de manera bilateral o como parte de diferentes bloques comerciales ( Mercosur, ALCA, NAFTA o dentro de la Organización Mundial de Comercio -OMC-), la Argentina se juega en los próximos cuatro años de gestión de Bush la posibilidad de acceder a mercados por más de 30.000 millones de dólares anuales en exportaciones. Son negociaciones que podrían ponerse en marcha ya en diciembre y que para 2008 deberían estar, al menos, bien encaminadas.
La relación comercial entre los dos países fue muy favorable para la Argentina durante el primer gobierno de Bush. En 2000 se exportó por 3.090 millones de dólares, en 2001 por u$s 2.900 millones, en 2002 por u$s 2.972 millones y en 2003 por u$s 3.133 millones. Para este año se espera que las ventas a los Estados Unidos lleguen a 3.300 millones de dólares (un nuevo récord), con lo que este destino será el tercero luego de Brasil y China. Hay que tener en cuenta que antes de la llegada de Bush los envíos a EE.UU. nunca habían superado los 2.400 millones de dólares y que habían mantenido un promedio de u$s 1.000 millones. Sin embargo, en teoría,las exportaciones hacia los Estados Unidos podrían incrementarse aún más, sólo manteniendo el nivel de conversaciones que existe en la actualidad. En concreto estas negociaciones se dividen en tres partes. La primera, y más importante, consiste en la apertura del mercado norteamericano, una negociación que comenzó en 2000 bajo la gestión del ex secretario de Relaciones Económicas Internacionales Martín Redrado, ahora en el Banco Central, y que permitió al país comenzar a exportar cítricos, quesos, jugos, textiles, cueros y manufacturas de oro y plata, entre otros sectores que hasta ese momento estaban cerrados para la Argentina. Además el gobierno de Bush, por propia iniciativa, aumentó las cuotas de ingresos para las carnes y los cereales. Se estima que por esta política las exportaciones se incrementaron en por lo menos 500 millones de dólares, suma que podría elevarse a u$s 1.000 millones en unos cinco años.
El segundo tipo de negociaciones se da dentro de la OMC. Bush se manifestó dispuesto, en la reunión de setiembre pasado en Ginebra, a reducir subsidios a los productores primarios norteamericanos siempre que desde la Unión Europea se haga lo mismo. El negociador de EE.UU. durante todos estos años, Robert Zoellick, se comprometió puntualmente a desmantelar ayudas financieras por unos 6.000 millones de dólares que el gobierno norteamericano brinda a productores para que exporten sus cereales. Como la mayoría de esos bienes se destinan a América latina, la eliminación de estos subsidios beneficiaría inevitablemente a la Argentina luego de la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
La tercera área de negociaciones se da en torno al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), una iniciativa que busca reducir los niveles arancelarios en todo el continente. Este proyecto debería comenzar a implementarse en enero de 2005, fecha que obviamente no se cumplirá. No se sabe hoy si esta iniciativa avanzará seriamente, pero si hay una definición concreta. Con Bush puede concretarse y el presidente de EE.UU. tiene intenciones políticas de reducir los subsidios agrícolas. Con John Kerry era seguro que el ALCA habría sido archivado, ya que el demócrata basaba parte de su propuesta económica en mantener las protecciones a muchos industriales y productores agrícolas norteamericanos. Así nunca habría negociado seriamente una apertura comercial con los países latinoamericanos, competidores directos de ambos grupos.
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