Con una CGT semivacía, Moyano reiteró promesas
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Hugo Moyano
(centro) reunió
ayer a su tropa
sindicalista en el
Comité Central
Confederal de la
CGT para
analizar la
convocatoria al
Consejo del
Salario Mínimo.
Un reclamo que tal vez se vuelva más conflictivo que los anteriores es el de los estatales que presionan por más salarios. Pablo Miceli, el titular de ATE, ya anunció un paro de la administración pública para este mes. Miceli (que no es pariente de la ministra) pertenece a la Confederación de Trabajadores Argentinos que conduce Víctor De Gennaro. Su conflicto es un desafío para la otra organización que representa a los trabajadores del sector público, la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), que encabeza Andrés Rodríguez. Será interesante este campeonato: Alberto Fernández, el titular de la paritaria estatal desde el gobierno, ha elegido desde hace tiempo la interlocución de Rodríguez. A pesar de que Miceli se deshace en elogios hacia la orientación «progre» del kirchnerismo.
Si alguien esperaba ayer que, por la ausencia de los «gordos» o de Barrionuevo, Moyano hiciera alguna señal de apertura en su manejo egocentrista de la CGT, se equivocó: «Esto parece un congreso de los camioneros», dijo uno de los asistentes, integrante del Consejo Directivo. En efecto, Moyano ordenó cubrir todo el salón Vallese con las banderas de su propiaorganización. No toleró siquiera las que, tímidamente, había colgado «Mister Cloro», como se conoce a su segundo, el disciplinado José Luis Lingieri, quien comanda el gremio de Obras Sanitarias (ex Aguas Argentinas, hoy AySA). A Lingieri Moyano lo ignoró allí como en la Administración de Programas Especiales de la Superintendencia de Salud.
Esta estética importaría poco si no se trasladara también al reparto de cargos y dinero: allí también los camioneros acaparan todo. Por eso faltaron los «gordos» y Barrionuevo, quienes se disponen a esmerilar al jefe de la CGT, primero vaciándolo y más tarde convocando a un congreso que, suponen, podría destronarlo. Es hora de comenzar el recuento de delegados.
Nada de esto se discutió en voz alta ayer. Aunque, por las dudas, Moyano ordenó que el Comité Central Confederal se desarrollara sin la presencia del periodismo. En un par de casos (el diario «La Nación» y la agencia «NA»), los colaboradores de Moyano echaron a los cronistas a su manera, es decir, mal. La intención fue, según pareció, solamente maltratar. Los que fueron retirados del salón se apostaron a 5 metros de allí para escuchar cómodamente lo que se decía adentro, que en ningún caso fue demasiado interesante. Hacía tiempo que no se incurría en estas prácticas en el sindicalismo argentino.



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