«No hay dudas de que la construcción está creciendo: hace un año empleábamos a 80.000 obreros, sobre un total histórico de 300/350.000; hoy ya estamos en unos 160.000 y en aumento. Si se concretan algunas obras provinciales, viviendas, etc., a fin de año pensamos llegar a los 200.000. Y si el gobierno invierte los $ 5.700 millones que figuran en el Presupuesto Nacional de 2004, el año próximo retornaríamos a las cifras históricas. Esto redundaría en un crecimiento de 3% en el PBI.»
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Optimista y alineado con el gobierno («que comparte nuestra visión keynesiana de la economía»), Eduardo Baglietto, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), aprovechó el anuncio de la convención anual del sector para exhibir un espíritu que contrastó claramente con lo que venía expresando el sector en el último lustro. «Nadie sufrió como nosotros, ni el campo. No quiero entrar en discusiones sectoriales, pero la construcción fue más golpeada que nadie», agregó este hombre del Grupo Techint. Lo acompañaban Aldo Roggio, Monir Madcur, Gregorio Chodos, José Cartellone,Carlos Wagner y Juan Carlos Crivelli, constructores y miembros de la directiva de la CAC.
Wagner agregó otro dato para ilustrar la recuperación: «Durante la crisis se vendían 55 máquinas viales por año; ahora, en los últimos meses se vendieron 180, y ya los concesionarios están con problemas para las entregas». Roggio recordó que en la crisis «se reexportaron 880 máquinas, de las mejores: el mercado reaccionó rápido y las empresas hicieron efectivo esos activos en ese momento improductivos para sobrevivir. Pero ahora estamos volviendo a comprar, y se trata de máquinas nuevas, de última generación».
Seguramente por el alineamiento a las políticas oficiales respecto de la planificación «keynesiana», gran parte de los expositores en la asamblea del martes próximo serán funcionarios; entre ellos, los ministros Roberto Lavagna, Daniel Filmus y Julio De Vido. También se espera la presencia de los gobernadores Felipe Solá (Buenos Aires), Juan Carlos Romero (Salta), Carlos Rovira (Misiones) y Roy Nikisch (Chaco). Es que los mandatarios provinciales tienen la llave de muchas de las obras que se harán el año próximo. «Lo importante no sólo es que se presupueste sino que ese presupuesto se cumpla: hasta ahora estábamos invirtiendo menos de 10% de lo previsto para obras, pero eso cambió. El año pasado había paradas 59.000 viviendas, de las que se están haciendo 25/30.000», dijo Baglietto. Ese presupuesto prevé para obras unos $ 5.700 millones para 2004, de los que $ 4.000 millones corresponden a fondos públicos y $ 1.700 millones provendrán de los fideicomisos conformados con impuestos a los combustibles.
En relación con la obligatoriedad de tomar 30% de los beneficiarios de los Planes Jefas y Jefes para obras con fondos públicos, Madcur admitió que eso será una dificultad. «Hay tres factores negativos: el desplazamiento geográfico de la población, la falta de capacitación y especialización, y la reticencia de la gente a volver a trabajar; hay familias con tres o cuatro miembros cobrando cada uno $ 150, que no quieren trabajar por $ 700/$ 800, y además temen que cuando se termine la obra no se les vuelva a pagar el subsidio. Hay que garantizar que, una vez terminada la labor, volverán a percibir el beneficio», dijo el constructor.
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