En el mundo advierten que es temprano para retirar ayuda

Economía

En momentos en que en la Argentina algunos piensan en ir recortando el apoyo al sector privado, en el exterior alertan que sería un error.

Días atrás la titular del BCE y ex FMI, Christine Lagarde, les avisó a los líderes europeos que, mientras siguen las disputas por el fondo de reconstrucción, “lo peor del impacto en los mercados laborales todavía está por llegar”. Del otro lado del Atlántico también un influyente grupo de expertos alertó a los líderes estadounidenses sobre el error de querer retirar la ayuda oficial. Basta recordar que en EE.UU. ya hay 46 millones de trabajadores que solicitaron el seguro de desempleo, de los cuales la mitad perdió el empleo por la cuarentena y la débil demanda. Y para ir visualizando cómo quedarán las cosas una vez que baje la niebla del Covid-19, un informe del Instituto Becker Friedman de la Universidad de Chicago estimó que el 42% de los despidos vinculados a la pandemia serán permanentes. Claro que en el medio entra a terciar la campaña electoral y por eso temen que como los votantes no van a ver el impacto de una segunda ola de despidos hasta después de las elecciones, tanto el Ejecutivo como el Congreso se distraigan de los efectos de la crisis del Covid-19. En este contexto inquieta que en Argentina se hayan alzado algunas voces oficiales sobre la posibilidad de comenzar a retirar parte de la asistencia al sector privado formal e informal. Si en el mundo es prematuro, en la Argentina pese a tener menos herramientas y margen para actuar, también parece muy temprano para pensar en dejar de apoyando a empresas, trabajadores y desempleados, más aún cuando se ostenta una de las mayores cuarentenas del mundo y nada indica que otro país le arrebate este récord.

Pero las voces que claman por más asistencia oficial en el mundo, ya despojadas de prejuicios ideológicos a sabiendas del tenor de la crisis, no solo le exigen a gobernantes y legisladores sino también a los organismos financieros internacionales como el FMI, BID, BM e incluso al G-20 que, en palabras del economista Federico Steinberg del Real Instituto Elcano, “se necesitan sean más keynesianos” sobre todo para asistir a los mercados emergentes. “Hoy todos son keynesianos, hasta los Chicago boy’s”, señaló días atrás.

Como prueba de la preocupación reinante, y casi en paralelo al clamor de Lagarde, un importante grupo de más de 150 académicos liderados por el ex-Fed, Ben Bernanke, nucleados en el Washington Center for Equitable Growth le envió una misiva al Congreso de EE.UU., dirigida a los líderes republicados y demócratas, implorando que aprueben de inmediato una ley de ayuda multifacética de magnitud acorde con los desafíos que enfrenta la economía. Junto a Bernanke respaldaban la carta gente de la talla de Janet Yellen, los Premio Nobel Robert Solow y Michael Spence, y cuatro expresidentes del Consejo de Asesores Económicos entre otros.

Si bien los firmantes reconocen el apoyo económico, sin precedentes, brindado por el Congreso y la Fed a los afectados por la recesión del coronavirus, subrayan la necesidad de una legislación adicional. “Aún queda mucho por hacer”, advierten. O sea, no solo le piden que no retiren las ayudas sino que las incrementen. La nueva legislación debería proporcionar, como mínimo, “apoyo continuo para los desempleados, nueva asistencia a los estados y localidades, inversiones en programas que preserven la relación empleador-empleado y ayuda adicional para estabilizar la demanda agregada”. Si el Congreso no actúa, los gobiernos estatales y locales se enfrentan a déficits presupuestarios potencialmente desastrosos. De esta manera le piden que apruebe otro paquete de recuperación económica antes de que la mayor parte del apoyo de la Ley CARES expire. “Si bien los firmantes de esta carta tienen diferentes puntos de vista sobre el tamaño óptimo y la composición del paquete, todos estamos de acuerdo en que una respuesta adecuada debe ser grande, proporcional a la brecha de producción que enfrenta la economía en la próxima década”. “El Congreso no debe volver a cometer el error de la crisis 2008, debe abordar con audacia este riesgo y el daño económico que ya está ocurriendo, aprobando, lo antes posible, un proyecto de ley de ayuda multifacético de magnitud acorde con los desafíos que enfrenta la economía.

En esta línea, la semana pasada, Mary Daly, presidenta de la Fed de San Francisco, alertó sobre los errores cometidos en la década del ‘30 y las enseñanzas de la crisis financiera 2008 valorando una rápida y contundente respuesta de política monetaria cuando se producen crisis. El Congreso y la Casa Blanca aprobaron medidas audaces y rápidas de alivio económico, pero Daly señala que hay que ser flexibles y estar preparados para hacer más. “La lección más difícil de la Gran Depresión (1930) y la Gran Recesión (2008) es que tomó una década para que la economía se recupere completamente y para que los beneficios del crecimiento lleguen a todos los desplazados por el choque. “No podemos esperar 10 años para que una recuperación económica llegue a todos”, afirmó y agregó que la política monetaria sola no podía lograrlo y la clave pasar por la composición del mayor gasto.

Vale comentar los resultados de un estudio de Daniel Wilson, de la Fed de San Francisco, sobre el impacto macroeconómico de los estímulos fiscales quien comparó la composición de los programas de estímulo fiscal en la Gran Recesión (2008) con los actuales (en ambos casos la tasa de la Fed estaba cerca de 0% lo que limita la capacidad de la política monetaria para estimular la economía). “La respuesta fiscal de Covid-19 tiene muchas similitudes con la de la Gran Recesión. La evidencia del estímulo fiscal pasado arroja tres implicancias importantes: la propensión marginal a consumir de las transferencias individuales es alta cuando el desempleo es alto y las restricciones de liquidez se unen, lo que implica multiplicadores fiscales cercanos o superiores a uno. En segundo lugar, la propensión marginal a gastar de las transferencias federales por parte de los gobiernos estatales y locales es particularmente alta en tiempos de tensión fiscal, lo que sugiere al menos un traspaso de dólar por dólar al gasto. En tercer lugar, el multiplicador fiscal del gasto público cuando la política monetaria está en el límite inferior cero es de alrededor de 1,5. La evidencia sugiere que el aumento del PBI de la respuesta fiscal actual es probable que sea grande”.

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