30 de junio 2006 - 00:00

Cristina, distraída

Cristina, distraída
Sólo se detuvo, con atención, a escuchar a Evo Morales, asintiendo con la cabeza ante las menciones del presidente boliviano. Pero ni siquiera cuando habló su esposo presidente, Cristina Fernández dejó de juguetear con el público, saludar a la gente y pedir objetos -insistió hasta que le alcanzaron un sombrero autóctono: «Hay mucho sol», explicaba en voz alta-, mientras los oradores se sucedían en el atrio.

Distendida y de buen humor, la senadora y primera dama vivió el acto en Hurlingham como una charla en la vereda de su casa: haciendo bromas con Kirchner y Julio De Vido, o mandando a buscar cartas y obsequios destinados al Presidente.Un show aparte, con reglas propias, el de Cristina, padecido sobre todo por Felipe Solá que, a la hora de hablar, tuvo que lidiar con el atractivo paralelo que significaban Evo Morales probándose un adorno indígena y la primera dama usando un sombrero típico del altiplano. En ese «diálogo», la primera dama sonrió cuando una mujer gritó «Cristina gobernadora». Y hasta se detuvo, un minuto, en su pasión futbolística cuando un joven le quiso alcanzar una camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata para que la firmara. «Ay, el Lobo..., qué grande», dijo Cristina. Un poco más allá había un acto público.

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