15 de noviembre 2000 - 00:00

Cuatro jinetes en el Apocalipsis económico

Se cierra hoy en apariencia el acuerdo entre gobierno y provincias, quizás una de las medidas a recordar de la administración De la Rúa (siempre y cuando no se modifique sustancialmente luego en el Congreso).

El entendimiento, que además habilita una serie de créditos internacionales para garantizar la estabilidad financiera del año próximo, sirve en principio para sostener en el cargo de ministro de Economía a José Luis Machinea.


Curioso destino: hace una semana estaba sin oxígeno, con la soga al cuello, hasta le ofreció la renuncia al Presidente (se lo confesó a los miembros del Consejo Empresario el último jueves) y hoy parece consolidado hasta por un tiempo prolongado si la instrumentación del acuerdo resulta eficaz.


Sorpresas

Más singular el sino porque si bien participó activamente en todas las negociaciones, la responsabilidad superior pasó por el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, de quien más de una vez desconfió a pesar de que guardan amistad desde hace años (la actitud, al margen de su propia inseguridad, hay que buscarla en las sugerencias que habitualmente le reservan al oído Miguel Bein y Pablo Gerchunoff, dos figuras que siempre ven intrigas detrás de los telones).

A la de Colombo es necesario agregar, casi para disgusto del ministro, otras dos colaboraciones esenciales que lo asistieron en la conservación de su cartera: la de sus cole-gas Ricardo López Murphy y Adalberto Rodríguez Giavarini, a quienes siempre observó -al igual que todo su equipocomo ávidos halcones para ocupar su nido. Pero la política tiene estas sorpresas: Machinea encima terminó avalado temporalmente por Domingo Cavallo y con la bendición de la banca internacional, cuando él siempre se mostró defensor de las PyMEs y la industria, que desprecian a ese sector.


Lo cierto, al margen de las relaciones transitorias que ofrece el poder -algo así como la amistad en la farándula-, es que hoy Machinea somete esa autoridad de «superministro» que alguna vez se otorgó a otros tres compadres: Colombo, López Murphy y Rodríguez Giavarini. «Sic transit gloria mundi» habrá pensado desde su casa Nicolás Gallo, episódica víctima de ese breve fortalecimiento.


Tibieza

Tampoco uno debe equivocarse: no es producto sólo de los acontecimientos y de la crisis, es un reclamo del propio De la Rúa (a López Murphy le pidió que se interesara un poco más en la economía y, para su horror, cuando le demandó una medida ejemplar para ganar la confianza de los mercados, el titular de Defensa le espetó: «Privaticemos el Banco Nación»). Dentro de ese cuarteto, quizás Machinea sea -como lo fue toda su vida-el más tibio a la hora de enfrentar las reformas.

No en vano, hace menos de un mes, habrá que incluir en su récord la decisión personal de que «hay que esperar porque, ya hicimos todo lo necesario». Desde ese momento, piloteó dos nuevos paquetes económicos, quizás los más trascendentes de su gestión y hasta se entusiasmó con no esperar ni un minuto para hacer cambios.


Inasistencia

Afortunadamente para el gobierno, la importancia del acuerdo con los gobernadores hasta ocultará omisiones, desencuentros y reproches. Si cuesta entender la fortaleza de Machinea, más difícil son otros capítulos oficiales. Por ejemplo, la inasistencia perfecta del ministro del Interior, Federico Storani, en todas las negociaciones con los gobernadores (específicamente su tarea). Parece inexplicable esta ausencia si, por ejemplo, se la compara con el imprescindible y hasta insoportable testimonio físico de Carlos Corach en cuanta determinación de nivel se produjera en la gestión anterior.

Pero no es el juego de confrontar una administración con otra, aunque posiblemente desde ahora, además de un cuarteto operando en Economía, también Fernando de la Rúa reflexionó sobre su propio estilo de conducción. Tal vez ya no sea tan minucioso en la revisión de artículos y decretos, concederá más responsabilidades a sus ministros -inclusive éstos deberán trabajar con plazos para las medidas que prometan-y, casi con seguridad, viajará más al interior mientras el management se lo delega a quien hoy se muestra su más fiel gestor: Colombo. Otra curiosidad más: hasta hace un mes y monedas, este ex titular del Banco Nación entrado en carnes y bastante infatigable, casi inadvertido hasta por los más avisados del poder durante 9 meses de gobierno, hombre de filiación radical pero no de comité, con vasta experiencia en la banca privada donde se ganó la vida, se ha convertido en el centro de la administración. Parece que no tiene equipo, pero siempre saca un papel con propuestas. Pasó de la cuarta al seleccionado casi sin darse cuenta, hoy es la estrella del equipo, la vanguardia de los 4 jinetes del Apocalipsis.

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