El líder de la CGT, Hugo Moyano, se reunió con el gobernador Felipe Solá para analizar los conflictos salariales que, con epicentro en Buenos Aires, se venían desarrollando hasta ayer y que, si continuaban, podrían haber derivado en el desabastecimiento de combustibles (ver nota vinculada).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Solá recibió al camionero en la Casa de Gobierno de La Plata para evaluar el impacto de esa medida de fuerza y de otra ligada directamente a la provincia: el reclamo de los trabajadores de la CEAMSE que mantenía paralizada a esa empresa de tratamiento de residuos.
A pesar de dar señales de buena predisposición, Moyano le advirtió a Solá que la CGT no dejará de reclamar «lo que creemos que nos corresponde», apoyado en un argumento que refutan las empresas: que el aumento de sueldos no genera inflación.
Pero la charla excedió el ámbito gremial. Durante tres horas y media, el jefe de la CGT y el gobernador cruzaron lecturas sobre la gestión de Néstor Kirchner, el futuro del peronismo y cuál será, en adelante, su vínculo político en la provincia de Buenos Aires. «Vos sabés que yo apoyo al Presidente, pero también queremos acompañarte en la provincia», le dijo el camionero a Solá. La frase tiene un lectura subliminal: Moyano tiene un diputado provincial, Octavio Argüello, que hasta ahora integra el bloque duhaldista.
El gesto de viajar a La Plata, prestarse a una larga charla distendida y prometer que sintonizarán en el futuro le permitió al gobernador imaginar que en pocos días Argüello pasará a integrar, siquiera informalmente, el equipo de leales a Solá.
Con pose de analista político, a la hora de suponer qué le espera al peronismo, Moyano lanzó el pronóstico de que terminará «alineado» detrás del Frente para la Victoria. Es, en rigor, lo que pretende lograr Kirchner y, a su vez, promueve Solá.
Ese tema derivó, rápidamente, en una crítica al gobierno nacional. «Está muy bien fortalecer el Frente para la Victoria, pero no se puede hacer lo que se hizo con Borocotó», se confesó el camionero y encontró el guiño silencioso de Solá y de su ministro de Trabajo, Roberto Mouillerón.