17 de julio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles Históricos

Fecha: 05/06/1998

Rescatamos para nuestra columna aquellas revelaciones del hijo de David Ricardo, cuya historia apareció en la contratapa de ayer, respecto de la faceta que más nos interesa en función de nuestra temática: la de Ricardo como muy exitoso «agente de Bolsa» y haciendo, en solamente cuatro años, una fortuna. Su hijo manifestaba que: «El éxito de mi padre se debía a su observación de que la gente, en general, exageraba la importancia de los acontecimientos. De tal manera que si consideraba que había razón para una pequeña suba, él compraba: porque estaba seguro de que eso le traería un beneficio fuera de los razonable.» «Y cuando estaban a la baja, vendía, ante el convencimiento de que la alarma y el pánico originarían una baja mucho mayor: aunque no estuviera justificada...».

Notable, para recortar y guardar, y también es notable cómo se rozan y muchas veces hasta se superponen en la esencia, los pensamientos de los más iluminados, al encarar los momentos clave de la Bolsa: los de comprar y vender.

Si resumimos el pensamiento de Ricardo, existía en él el convencimiento de que había que sacar partido de las posiciones extremas que adopta la masa bursátil ante situaciones de cierto calibre. Y el principio del péndulo, por exageraciones, convertía un hecho de graduación «5» en la escala: en otro que quizás llegaba a «7» u «8». Si esto era proveniente de buena noticia, entraba Ricardo con posiciones que normalmente debían darle un pequeño rinde. Y extraía bastante más de lo pensado, por la masa, claro...

Igual actitud empleaba al revés, con el mercado afectado por cierta novedad que no resultara de gran trascendencia -vista con frialdad- se ponía en vendedor: porque la «bola de nieve» podía hacer que una brecha aceptable se fuera de largo, hasta una «corrida», o quizás más.


Lo que Ricardo hacía es lo que varios otros aconsejaban con otras palabras, en muy distintas épocas:
no moverse en los puntos límites, sino entre los extremos. O, nunca querer tomar en los pisos y no pretender lo máximo: sino, vender «demasiado rápido». Y, de última, Ricardo se fijaba más en la reacción en masa de los operadores, actuando en función de la psicología más que de los números, tal como el mismo Keynes -otro exitoso inversor, aunque no agente de Bolsa- pregonaba con sus famosos párrafos sobre el «concurso de belleza» y el actuar pensando en quién reunirá los mayores votos, cómo decidirán los demás, antes que la propia inclinación. No es fácil de hacer. Especialmente si hay mucho temperamento caliente en el inversor. Pero, bueno es intentarlo, y funcionar como un frío y ejecutivo «inversor ganador».

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