«Yo dirijo un negocio, no un museo...», es lo que contestó Richard Grosso -presidente del NYSE- y cuando existen sugerencias acerca de que está pretendiendo más subvenciones de Nueva York, por lo que ha lanzado la idea de trasladar la Bolsa a Nueva Jersey.
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Es buena la frase, no caben dudas; muestra talento e ingenio para plantear la situación, aunque también -a nosotros nos parece- muestra la crudeza americana para tratar con consideración todo aquello que no sea dinero, o «money».
Es seguro que el recinto del NYSE en Wall Street no es un museo, pero que resulta un símbolo mundial y una especie de «catedral» de la Bolsa tampoco puede ser discutido.
El hecho de que se diga que ya la estructura le queda chica, con sus 4.000 ruidosos «brockers», es lo que promovió esa idea de trasladarse e invirtiendo unos 1.000 millones de dólares para efectuar el cambio geográfico. Pero, de paso, los que discuten el argumento aseguran que ya la excesiva reunión de agentes en vivo no debería resultar un problema, porque todo avanza hacia la transacción electrónica definitiva.
Del total de los negocios, solamente 15% viene a las plazas, donde los «especialistas» resultan la trama colorida del mercado y aseguran esa liquidez proverbial, a la que ninguno se atreve a renunciar. El mismo Grosso piensa que los intermediarios habrán de desaparecer, aunque también sostiene que el nuevo edificio traerá mayores negocios y más ahorros futuros.
La posibilidad de que futuras oleadas de nuevos inversores tengan que conocer a los «brockers» en fotos o recorrer «el museo de Wall Street» para comprobar las plazas con las figuras de cera es algo que está flotando en la historia de los mercados. La informática empuja, los costos aconsejan, la competencia manda, la tradición y páginas coloridas -como toda la gran historia- quedan a un lado para generar negocios y más negocios, y quitarles cada vez más parte humana a los mercados, al menos los que estén a la vista. ¿Encontraremos también un tipo de inversor científico, desprovisto de toda emoción, sin arrebatos, frío y calculador como una pantalla? Sería más eficiente. ¿Pero, podrá haber negocio y mercado donde nadie se equivoque y todas reaccionen del mismo modo? Buena pregunta.
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