2 de noviembre 2000 - 00:00

Cupones Bursátiles

Oíamos a Cavallo decir que lo de ahora no es tan grave como lo sucedidoen 1991 y 1995. Y nos preguntábamos si cambiaríamos la situación global-actual,por cualquiera de aquellas dos mencionadas. Y nosotros haríamos el cambio, sindudarlo. No sabemos qué haría el lector ante la alternativa planteada, acasopueda ser que la mayoría dé la razón al ex ministro, pero esto nos llevaría aun razonar absurdo: porque si se habla de una decadencia, y de cada frase yendoa un punto peor que el pasado, ¿cómo es posible que otras situacionescomplicadas anteriores resulten más serias que ésta?

Es como que se quiera demostrar que veinte, treinta, años atrás,estábamos peor que ahora: y, al mismo tiempo, hablar de una Argentina que vivela peor crisis de su historia. Es posible que Cavallo, que aprendió muchaszorrerías en estos años, quiera colocarse como supremo superador de las peorescrisis, devaluando la importancia de ésta, en su favor. Hoy tenemos un paíscasi sin activos valiosos por vender, salvo el territorio (y parece que ya hayidea sobre eso). Con deuda externa multiplicada e intereses que cada vez ahoganmás. Con desocupación sin remedio, con crecimiento cero y perspectivas casi porel estilo, y fundamentalmente: quedando estancados cuando los demás países hanido repuntando progresivamente en estos años. Antes siempre se jugó la excusade no ser origen de los males, hoy nos apuntan todos causal de temores en laregión.

Si nos atenemos a lo bursátil, de 1991 ni hablar: era el mercado quesalía con todo el potencial hacia arriba y generando el boom que duró hasta1992. Y si es 1995, nos defendíamos del desastre mexicano, sabiendo que pasadoel ciclón podíamos retomar cierto ritmo.

Si lo pasamos a lo cotidiano, haga el lector una revisión de conocidos:a ver cuántos le dicen que andan bien en sus respectivos rubros y profesiones.Y analice cuántas empresas han quedado por el camino en este último par deaños, junto a las que se fueron de la Bolsa.

Ni por broma nos quedamos con lo actual, a cambio de lo anterior. Unmedio donde más que el capital, se ha desgastado el deseo de luchar, deintentar hacer cosas, o de pensar que tras un valle temporal aparecerá elresurgimiento. Y esos son valores muy difíciles de reconquistar, a menos que aparezcaun golpe de shock, algo de magia, la fantasía de planes o de ideas que haganvariar la actitud. Como la que tuvo el «austral» en su momento, laconvertibilidad después. Nada aparece que sacuda a las personas y las coloqueen la senda de utilizar las energías sabiendo que se va hacia un mejoramiento.Y esto, a menos que algún lector lo recuerde, no lo hemos visto ni vivido nuncaen nuestra Argentina.

 

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