El grito de «se firmó, se firmó...», servía para clausurar la rueda del viernes último y en clara alusión a esa firma de adhesión que los gobernadores de la oposición debían darle al gobierno.
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Obviamente que no era verdad lo que se proclamaba, pero la apreciación sobre si era en simple broma, o si se quería confundir al ambiente para darle un mejor cierre a la rueda bajista, no está tan claro: el testimonio de esa fecha dice que el Merval recortó velozmente pérdidas en los minutos finales y sin otro motivo aparente que: A) el clásico «recompre» de los vendidos de aire al inicio de la jornada y que cubren posiciones. B) Una versión que consiguió detener la venta por un lado y sumar alguna orden tomadora sobre el filo del día. Como broma, pasaba bien y era ingeniosa, como versión con interés subalterno detrás sería de la más baja calaña. Pero, nada puede desestimarse en medio de una crisis de utilidades y todo el mundo debe ir con la guardia bien alta y el mentón protegido para recibir lo que sea. Lo que dejaba claro, más allá de esa confusa visión acerca de la intención del grito, era la nueva valla-expectativa que los operadores se ponían por delante y servía, de paso, para explicar a los clientes por qué el mercado andaba tan mal y dando lástima de volúmenes: la negativa a la firma de un pacto que -aunque se firme-todos saben que nadie habrá de cumplir en el mediano plazo, y habría que ver en el corto. Pero, con las chicanas que la oposición colocaba de continuo y las decisiones del FMI de cambiar al equipo titular por el suplente, se armaba sola una pelota de las tantas que con facilidad logramos hacer los argentinos. Ese obstáculo era utilizado para explicar el momento, como antes hubo otras vallas que se daban como responsables y se suponía que, salvadas, la plaza se liberaría e iría hacia arriba. Poco duraba todo, hasta encontrar el nuevo argumento, y así se nos va el año de las manos contabilizando pérdidas sobre pérdidas. Se iba hacia el nuevo lunes con esa incertidumbre y esperando que se arribara a un acuerdo, para después ver qué sucedía en la práctica. Mucho nos tememos que puede volver el vuelo corto, hasta tropezar con otra piedra y que el mercado recupere órdenes de afuera y de adentro, no es tan sencillo como pare-ce. La confianza no se recobra por la firma de un acuerdo, ni de algún hecho aislado que se considere auspicioso, solamente una cadena de se-ñales que demuestran que el barco se endereza puede generar la corriente al mercado de riesgo. No olvidar que la recalificación nos ha dejado bastante fuera de circuito en las carteras foráneas, y que a los fondos pensión los irán a preñar de títulos públicos antes que nada. ¿Y los inversores, dónde? Informate más