Una década completada, la llegada de la apertura del mercado argentino. Las privatizaciones, el gran show que duró entre 1991 y 1992. El tocar cima en la zona de los «900» puntos de índice. Fortunas que se pudieron hacer en nuestra Bolsa partiendo casi de unos pocos pesos que se hubieran invertido en lo más problemático de la zona anterior. Por caso, cuando se impuso el Plan BONEX -¿recuerda?- y la Bolsa registró su mayor movimiento sísmico de la historia, cayendo 50% en seco. Pero, después de haber puesto la bandera en la cumbre, el valle profundo y la otra cara de la moneda: se podía haber quedado con una fortunita en 1993, si había puesto una fortuna en los picos del boom del año anterior. Más adelante el repunte, la aparición del tequila dando el gran susto primero de la década y del modelo y -posiblemente- la bisagra en la historia: ya que ni el país, ni la Bolsa, pudieron recuperarse del todo -no ya en índices, sino en ánimos y en el miedo- hasta la fecha. La decadencia de la segunda mitad y tras la reelección Menem, y un llegar a los tumbos para prender alguna llama de esperanza en el cambio de gobierno. Lo último, ya está presente y a la vista, el año 2000 y su siembra de metralla en todas direcciones. Empresas huyendo, volumen en baja, salida de circuito internacional del país con el corte de créditos, y de nuestro mercado borrado de las carteras. Como a Wall Street, y en especial a las de la nueva economía no les iba nada bien. Por algún tiempo se quiso encubrir lo malo local con aquello que venía de afuera.
Hasta que el reconocimiento a la luz pública de que el país precisaba un «salvataje» liso y llano puso las cartas sobre la mesa. De todo el revoltijo salió quedó este 25% de recorte. Y una década que tenía un Merval abajo de los «100», que subió a los casi «900», que aterrizó en los «416» y que estaría mostrando como una suerte de promedio entre la gloria máxima y la tristeza profunda. No es lo mejor, tampoco lo peor. Pero, lo que siempre importa es qué lanzan los mercados hacia adelante, las entrelíneas, para ver qué es lo que deberá anticiparse. A juzgar por las últimas semanas, no hay buenos vientos para aguardar que la plaza se ponga en marcha. No ya que suba, sino que prenda sus motores y vuelva a ser un mercado de contrapartidas fluidas. Mire a lo que hemos llegado, en tanto los CEDEAR nos acosan y siguen trayendo especies para comer del plato, el rogar porque Buenos Aires reconquista la capacidad de hacer negocios bursátiles y salir de los simulacros a que nos vimos obligados. Pero, lo mejor es empezar por lo de abajo... y lo de más abajo: es eso.
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